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El experimento Americano que empieza con los viajes de Cristóbal Colon en 1492 consiste en dos mundos coexistentes, diferentes y que manifiestan en su ser intimo la eterna separación que existe entre las personas como grupo, raza o clase social. Esta separación que existe entre las personas ahora aparece externalizada en la historia del continente americano, del sur y del norte. Cuando los europeos se derramaban en las tierras nuevas del continente americano, trajeron con ellos no solo las enfermedades de sus cuerpos sino también las trabas de sus mentes. Estas trabas no son exclusivas a Europa porque los indígenas en América también permanecían en conflicto eterno entre ellos. La diferencia es que los europeos traen consigo no solo las trabas sino la solución de esta grieta profunda que se encuentra en la psiquis humana.

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En el norte de América el colono se desenvuelve casi ignorando al indígena. No lo necesita como mano de obra barata ni lo quiere como vecino. Por lo tanto lo segrega, lo elimina o le asigna una reservación a donde puede vivir lejos de él. No le interesa. La sociedad del colono es bastante homogénea, insiste en su libertad absoluta, igualdad entre ellos y el valor de su trabajo. Lo único que queda por hacer es expandir su dominio en estas tierras nuevas que yacen frente a él. Más tarde ese dominio se expandirá al mundo entero en forma de imperialismo. |
En el sur de América el conquistador somete al indígena como esclavo porque busca su oro y su plata, y quiere que el indígena explote las minas, los campos y le sirva como a un amo. El conquistador español se mezcla con las campesinas del Nuevo Mundo y sin embargo no les da legitimidad, traerá más adelante de España a sus propias mujeres. De esta manera hará sentir su supremacía sobre las culturas conquistadas. Privilegio que no conocía en Europa. ¿Quién puede resistir el ser dios por un tiempo? A través de los tiempos la sociedad que nace será una sociedad fragmentada con grandes diferencias sociales, deseo de poder y un concepto diferente del valor del trabajo
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La política que se desarrolla de estas dos mentalidades y orígenes es bastante diferente. El desacuerdo entre políticos de la sociedad de Norteamérica, aunque enemigos políticos y opuestos en asuntos de coyuntura se rige siempre por la unión interna de sus orígenes. Al final de cuentas todos los colonos y sus descendientes son "americanos" y se respetan unos a otros con la exclusión evidente de los sectores nativos, los esclavos traídos de África y los grupos nuevos de inmigrantes que desean incorporarse a la sociedad. Esta fenómeno de proteccionismo y separación entre razas se ha diluido a través de los tiempos aunque su huella sicológica todavía marca ciertas actitudes vigentes. Esto es especialmente evidente con ciertos sectores del partido republicano Norteamericano.
La política que se desarrolla en Latinoamérica es de carácter violento, de dominación y los enemigos en la arena política no pueden ser amigos en la arena personal. Son enemigos para siempre. El carácter dominante del conquistador tipifica la relación que existe entre los que difieren en sus puntos de vista y entre las clases sociales. La moderación y el diálogo son difíciles de alcanzar. La unidad esencialmente no existe.
Esto explica los acontecimientos que se observan en nuestros países y que parecen absurdos para aquellos que desde Europa o Estados Unidos los contemplan. En Latinoamérica todavía de ven los cuartelazos por que las clases pudientes se sienten dueños del ejercito como era antes en los tiempos de la conquista. El ejército no es una institución independiente y gobernada por una constitución legal, sino que tiende a ser un mecanismo de dominio, un grupo mercenario a los intereses económicos de las clases dominantes. Aunque menos acentuado sea hoy esta actitud hacia los ejércitos todavía existen vestigios de aquello en Latinoamérica.
Estas dinámicas estampadas en la psiquis del continente Americano, norte y sur, da evidencia concreta a los problemas que se deben resolver en la historia humana. La relación dialéctica entre Norteamérica y Latinoamérica podrá resolver esta enajenación de los pueblos y representa el futuro desenlace de la historia de la humanidad.
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(*) Claudio A. Selamé, doctor en sicología clínica, graduado del California School of Professional Psychology, licenciado en filosofía y teología del seminario St. John y de la Universidad Católica de Chile. Miembro del Taller de Estudios Políticos y Sociales Antenor Orrego en http://www.tallerorrego.org/ |
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