Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"

 
   
 


CONMEMORANDO EL 45 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL PARLAMENTO LATINOAMERICANO

1964 - 7 de diciembre – 2009


 
 

CRÓNICA DE LA CONVOCATORIA Y REALIZACIÓN DE LA ASAMBLEA CONSTITUTIVA DEL PARLAMENTO LATINOAMERICANO – Reportaje de la revista Presente

 
 


[El siguiente reportaje, publicado en forma anónima en la revista Presente, describe minuciosamente la organización y los pormenores de la Asamblea Constitutiva del Parlamento Latinoamericano, realizada en la sede del Congreso Nacional en Lima entre los días 7 y 11 de diciembre de 1964. La detallada descripción nos permite comprender la labor fundamental cumplida en dicha oportunidad por Andrés Townsend Ezcurra. Asimismo podemos tomar el pulso a un momento particular de nuestra historia: aquel en el cual el ideal de paz, y unidad continental aparecía como una realidad cercana. El informe, titulado “El Parlamento Latinoamericano: hacia la Patria Grande”, fue publicado en la revista Presente, año VIII, Nº 100, Lima, marzo de 1965, pp.14-16.- Nota de Hugo Vallenas]

Hacia la Patria Grande: el Parlamento Latinoamericano

Por mucho tiempo −más de un siglo− se habló de la unidad latinoamericana en términos de emoción, de retórica o de historia. Espíritus avizores lamentaron la fragmentación parcelada y feudal que padeció América Latina a raíz de su independencia.

Políticos sagaces de todos los países −un Alamán en México, un Valle en Centroamérica, un Alberdi en Argentina, un Castilla en el Perú, un Vicuña Mackenna en Chile− elaboraron planes y propiciaron congresos para restaurar la perdida unidad. Todo resultó efímero y vano, porque los países latinoamericanos, rota la interna articulación que los uniera bajo la Colonia, empezaron a vivir hacia afuera, como factorías o mercados del capitalismo extranjero.

Al correr de los años, del mercantilismo se pasó al imperialismo y la división de América Latina fue suceso propicio para que las grandes naciones industrializadas nos mantuvieran, a todos, en situación de dependencia. Y hasta se creó un sistema, el “Panamericanismo”, que substituyó al latinoamericanismo espontáneo y natural de nuestros pueblos, y los convirtió en asteroides obligados a girar en la órbita de un “Gran Vecino”, de habla, tradición y lengua diferentes.

No estamos exentos de culpa los latinoamericanos en este proceso de subordinación. Los Estados Unidos nacieron como “Estados Desunidos”, luchando contra el imperio inglés, y celosos de sus leyes, religión y costumbres peculiares. Pero aprendieron la lección de la unidad durante su guerra de la independencia y, sofocando particularidades, fundaron en el Congreso de Filadelfia su perpetua unión. Et pluribus unum, como dice su escudo.

Los latinoamericanos hicimos justamente lo contrario y después de unirnos en las campañas de la libertad llegamos al Congreso citado por Bolívar en un esfuerzo patético y fracasado de juntar lo que ya se estaba dispersando. De haber ocurrido lo contrario, otra hubiera sido la historia y acaso los términos de la actual desproporción estarían invertidos. En vez de un “coloso del norte” existiría un “coloso del sur”, con fronteras en el Mississippi, el Canadá y los oceános, obligado a fundar “Alianzas para el Progreso” con el fin de ayudar a las subdesarrolladas −y muy independientes− repúblicas de Virginia, Nueva Jersey, Pennsylvania o Connecticut.

La concepción emotiva o retórica, en que se llegó a plantear las diferencias entre Estados Unidos y Latinoamérica, fue propia de una etapa de romanticismo. Corresponde a lo que en la historia de las ideas políticas europeas se llamó el “socialismo utópico”. Rodó, Ugarte y hasta Chocano y Darío fueron nuestros Saint Simon y nuestros Fourier. El primer planteamiento realista y exacto del carácter económico de esta pugna lo ofrece Haya de la Torre en su análisis del imperialismo (1924‑1928) y en su postulación de crear un sistema defensivo que trate con el imperialismo mientras este exista, y que para hacerlo era indispensable y urgente la unión política y económica de América Latina. Del campo de las denuncias inspiradas en la estética se pasó al terreno efectivo de tratar con el imperialismo en las condiciones más apropiadas para establecer un sistema conveniente de coexistencia económica.

Desde 1924 se postuló con toda claridad que no era concebible ninguna posibilidad de diálogo equilibrado entre el Norte y Centro y Sudamérica sin la unión de los pueblos indoamericanos. Haya de la Torre afirmó entonces, como premisa de toda acción fecunda y de veras revolucionaria, la unidad de los pueblos latinoamericanos forjada ya no sobre una retórica tan elegante como frágil, sino sobre la sólida realidad de la economía. Un coro de censuras y de ataques recibió este planteamiento aprista. Y al propio aprismo lo tildaron de “internacionalizante” los tiranos locales y lo pusieron fuera de la ley, largos años, por el delito de proclamar como punto esencial del programa la unidad económica y política de Latinoamérica.

Hoy en día América está de vuelta de semejantes posiciones. La palabra de orden más resonante y escuchada en nuestro continente es “integración”. Comenzó allí donde se forjan las sólidas bases de una acción política y social: en el campo económico. Los expertos internacionales dieron su fallo: no es concebible que América Latina gane la batalla contra el subdesarrollo en forma aislada. O América Latina se integra o perece.

A poco se organizaba la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) y el Mercado Común Centroamericano. La CEPAL y el BID, con su altísima autoridad técnica, difundieron el evangelio de la integración como única fórmula salvadora. Más, a poco, era evidente que la integración económica, sobre todo en la ALALC, mostraba lentitud. Era necesario dar impulso y respaldo políticos a la integración. Todo lo que era posible decirse y hacerse en el nivel de los técnicos, los embajadores y los ministros, se había dicho o hecho. Tocaba la palabra a los pueblos.

Hacia la unidad continental: crónica de una histórica reunión

La historia recogerá las fechas 2 y 3 de junio de 1964 como las de la colocación de los primeros hitos en el largo, difícil camino de la integración de América Latina, en que se hallan hoy empeñados los pueblos el continente.

En esos días, las cámaras legislativas del Perú dieron su amplio y unánime respaldo a sendas mociones presentadas, en nombre de la Célula Parlamentaria Aprista (CPA) por Luis Alberto Sánchez y Andrés Townsend Ezcurra, tendentes a convocar en Lima la Asamblea Constitutiva del Primer Parlamento Latinoamericano, que sentaría las bases de la integración política, económica y cultural de América Latina.

En el severo marco del Palacio Legislativo se cristaliza así el inicio de una honda aspiración que en su hora agitaron prohombres de América de la talla de Bolívar, Martí, Miranda y, más recientemente, Víctor Raúl Haya de la Torre, quien inscribió con caracteres indelebles en el ideario de su gran partido el postulado irrenunciable de la unidad continental.

La semilla estaba echada en fértil surco. Y el miércoles 17 de junio, Andrés Townsend, por la Radio Continente, explica al país y a América toda, los alcances de la reunión que apuntala el Congreso Nacional y la ciudadanía en pleno, que él representa. En esa entrevista, el diputado lambayecano expresa que el Parlamento Latinoamericano es un caro anhelo del Partido del Pueblo.

En las cámaras legislativas se nombra las comisiones bicamerales que irán a todos los confines del continente llevando la buena nueva. A principios de agosto, Andrés Echevarría Maúrtua (Unión Nacional Odriísta), Roberto Ramírez del Villar (Partido Demócrata Cristiano) y Jorge Vásquez (Acción Popular) salen para Santiago. Llevan la misión de invitar a la cita a los cuerpos legislativos de los países hermanos de Chile, Argentina, Uruguay y Brasil.

Luis Alberto Sánchez preside la embajada que viaja al norte. Con Ricardo Temoche (Célula Parlamentaria Aprista), Sandro Mariátegui (Acción Popular) y Ricardo Cáceres Cherres (Unión Nacional Odriísta), visitan Venezuela, Colombia, México y las asambleas legislativas de El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. La acogida es unánime. Hay interés en todos estos países por el llamado del Congreso peruano.

Una tercera delegación viaja a Bolivia y Paraguay. Entre el 20 y el 26 de agosto retornan las delegaciones luego de un fructífero contacto con los legisladores de los países visitados. Nuestros parlamentarios informan: tarea cumplida. El éxito de la primera Asamblea Constitutiva del Parlamento Latinoamericano comienza a asegurarse.

Haya de la Torre, atento a los acontecimientos que hacen historia, declara en Oxford el 2 de setiembre, que “el Parlamento Latinoamericano es un paso positivo hacia la unidad continental”. Días más tarde se reafirma en Atenas en ésta su indesmayable aspiración.

En Lima, los presidentes de las comisiones organizadoras del Parlamento Latinoamericano visitan al presidente Belaúnde en la Casa de Pizarro. En nombre del Congreso del Perú lo invitan a asistir a la sesión inaugural. El mandatario acepta y expresa sus buenos augurios por el éxito del evento. Están presentes los presidentes de las cámaras legislativas Ramiro Prialé y Víctor Freundt Rossell.

Arturo Mor Roig, presidente de la Cámara de Diputados de la República Argentina, en una visita de cortesía al Perú, el 6 de noviembre, califica de “excepcional la reunión del Parlamento Latinoamericano”.

Una semana más tarde, el cable nos trae un pronunciamiento categórico de Haya de la Torre, a la sazón en París. Allí declara a la agencia upi que “el Parlamento Continental será el primer paso de consolidación de un Mercado Común hacia los futuros Estados Unidos de América Latina”. Las palabras del ideólogo de la unidad continental son recibidas con entusiasmo por los congresistas y pueblos del Perú.

El 20 de noviembre los presidentes de las Comisiones Organizadoras, doctores Sánchez y Townsend Ezcurra, ofrecen en el noveno piso de la CONACO una reunión de prensa a los órganos informativos del país y agencias noticiosas del exterior. Anuncian la conclusión de la primera etapa de la trascendental cita. Medio centenar de periodistas reportan los últimos detalles organizativos. Están presentes los representantes Martinelli Tizón, Alfredo Gonzales Reverditto y Francisco Deza Galindo.

Como cuestión de fondo se sabe que el Parlamento Latinoamericano instalará sus Juntas Preparatorias el 6 de diciembre y el 7 comenzará sus trabajos. Hay enorme expectativa en el ambiente.

El último día de noviembre arriban al aeropuerto internacional en Lima, Callao las primeras delegaciones. Se trata de los miembros del BID, con Felipe Herrera a la cabeza y el grupo parlamentario de Brasil. Las comisiones de adjuntos de las cámaras comienzan su trabajo. Se ha dispuesto como sede de las delegaciones los céntricos hoteles Bolívar, Crillón y Riviera.

En el recinto de su cámara, Luis Alberto Sánchez solicita que la delegación peruana a la magna cita sea presidida por los presidentes de ambas ramas legislativas. Asimismo, la Comisión Organizadora acuerda que cada cámara acredite número igual de delegados por cada partido. El espíritu democrático prima en el seno de la comisión y se pone en claro que el evento está exento de todo cariz político.

Los países fundadores

El 6 de diciembre se inician las Juntas Preparatorias de la Primera Asamblea del Parlamento Latinoamericano, organizado y convocado por el Congreso del Perú. A propuesta de la delegación de Chile, la asamblea elige presidentes de la misma a Ramiro Prialé y Víctor Freundt Rossell, presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados del Perú, respectivamente.

Luego se elige a vicepresidentes, relatores y secretarios de las delegaciones visitantes, formándose así la Mesa Directiva de la magna reunión que tendrá como objetivo sentar las bases de la integración continental.

En total asisten catorce países y alrededor de veinte observadores de entidades internacionales como la OEA, CEPAL, CIAD, BID, FAO, AID, UNESCO y otras de carácter regional. Están presentes escribiendo la historia: Argentina, Brasil, Costa Rica, Colombia, Chile, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Paraguay, Uruguay, Panamá, Venezuela y el Perú.

Como es natural, la representación más numerosa es la peruana. La integran 17 senadores y 21 diputados. Están representados todos los matices políticos. Presiden la delegación peruana Ramiro Prialé y Víctor Freundt Rossell, en su calidad de presidentes de las cámaras.

Los senadores titulares: Luis Alberto Sánchez (co-presidente del Comité Organizador), Carlos Carrillo Smith, Carlos Manuel Cox, David Aguilar Cornejo, Jorge Vásquez, Héctor Cornejo Chávez y Carlos Cabieses. Los suplentes: Luis Heysen, Carlos Enrique Melgar, Alfredo Gonzales Reverditto, Fernando Noriega Calmet, Juan Zea, Lorgio Vega Gamarra, Juan Lituma y Jorge Diéguez Napurí.

Los diputados titulares: Andrés Townsend Ezcurra (co-presidente del Comité Organizador), Fernando León de Vivero, Andrés Echevarría Maúrtua, Raúl Martínez, Sandro Mariátegui. Ciro Alegría, Alfredo García y Roberto Ramírez del Villar. Suplentes: Ricardo Cáceres, Óscar Carbajal, Ricardo Temoche, Nicéforo Espinoza, Rodolfo Zamalloa, Matilde Pérez Palacio, Federico Hurtado, Valentín Paniagua, Ramón Abásolo, Juan Aldana Gonzales, Roger Cáceres y Genaro Ledesma.

El 6 de diciembre por la noche se inicia la Junta Preparatoria. Se reúnen los presidentes de las delegaciones y el Comité Organizador. A mediodía se sirve un almuerzo de confraternidad americanista en la Granja Azul. Al son de cuecas, valses, marineras y bailecitos, los parlamentarios de América estrechan lazos de amistad. En la mañana, las delegaciones presentaron sus saludos a los presidentes de ambas ramas legislativas.

La Junta Preparatoria fue provechosa en el sentido de que todos los presidentes de delegación tomaron su primer contacto y se coordinaron las primeras acciones.

Los presidentes

La propuesta del delegado de Chile, senador Humberto Aguirre Doolan, en el sentido de que Ramiro Prialé y Víctor Freundt Rossell, presidan la magna asamblea es recibida con entusiasmo. La propuesta es aprobada por unanimidad. Al conocer su elección, Prialé expresa su agradecimiento a los congresistas y dice con voz emocionada: “Una América unida será la respuesta exacta y cabal al mundo que actualmente nos contempla con expectativa”.

La sesión solemne de instalación de la Asamblea Constitutiva del Primer Parlamento Latinoamericano se realiza el lunes en la noche. Asiste el presidente Belaúnde, quien pronuncia un discurso y promete promulgar las leyes que el Parlamento Latinoamericano recomiende. El Cuerpo Diplomático, miembros de los poderes del Estado y otras personalidades llenan las instalaciones de la Cámara de Diputados.

A través de los altavoces instalados en la Plaza Bolívar, el pueblo, raíz misma del Perú, sigue las incidencias de la ceremonia. Los canales de televisión y las radioemisoras informan al país y al mundo las secuencias del trascendental acto.

El lunes 7, muy temprano, se instalan las comisiones de trabajo. Son las comisiones de Integración Económica, Integración Política e Integración Cultural. A última hora se nombró dos subcomisiones: la de Integración Interparlamentaria y la Comercial. Ellas funcionan en las distintas salas del Palacio Legislativo, que se convierte así en un vasto colmenar. Todos están imbuidos de un único afán: la integración continental.

En el primer plenario, que se realiza el 8 de diciembre, es invitado a usar la tribuna de honor el doctor Felipe Herrera, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo. Desde el recinto legislativo el destacado economista chileno demanda la formulación de un Tratado General de Integración que consolide las bases de la Comunidad Económica Latinoamericana.

“Y se hizo justicia...”

En el Plenario del 9 de diciembre, el presidente de la delegación de Guatemala, doctor Mario Fuentes Pieruccini, expresa que Víctor Raúl Haya de la Torre, eminente demócrata, es uno de los precursores y abanderados de la unidad e integración de América Latina. El representante guatemalteco condensa su pensamiento en una moción que recibe el unánime apoyo de la asamblea. En una estruendosa ovación prorrumpe el pueblo apostado en la amplitud de la Plaza Bolívar. “Y se hizo justicia”, claman viejos luchadores proletarios.

No obstante, al día siguiente, la prensa cavernaria y reaccionaria trata de empañar el acto y la trascendencia del acuerdo pero, ante la avalancha de la opinión pública que da su espaldarazo a la magna cita, opta por refugiarse en su silencio.

Apoyo de los trabajadores

Los trabajadores quieren testimoniar su adhesión y simpatía a los ilustres parlamentarios que toman parte en el evento. Y en la sala de sesiones de la Confederación de Trabajadores del Perú se sirve un cóctel que ofrece Julio Cruzado, secretario general de la CTP, a las delegaciones visitantes. Trabajadores y legisladores exaltan la función del Primer Poder del Estado, en orden de la dación de leyes que benefician a las masas productoras.

En los plenarios realizados se aprueba importantísimas resoluciones y recomendaciones. Los parlamentarios usan de la palabra para respaldar los acuerdos. Y circula, suscitando comentarios, un informe técnico especialmente preparado para el Parlamento Latinoamericano por la CEPAL. Su director ejecutivo asiste como observador a la asamblea. Es un estudio exacto, crudo, de la realidad en que viven y mueren más de 200 millones de latinoamericanos.

El día 11 de diciembre, último de la magna cita, es de una actividad febril. Las comisiones apuran sus últimos dictámenes. Se trabaja intensamente. Todos pugnan por aportar en voluntad, esfuerzo y decisión al logro del éxito del certamen. La oficina de prensa del Parlamento, con el doctor Ernesto García Vela a la cabeza, cumple una labor que lo destaca cerca de los hombres de prensa que cubren las informaciones de la cita.

¡Panamá!

El último plenario. El canciller Fernando Schwalb ha llegado hasta el recinto de la Cámara de Diputados para asistir a la clausura del gran certamen. La cuestión de Panamá ha motivado un encendido y emotivo discurso del doctor Máximo Carrizo, representante panameño. El Parlamento Latinoamericano brinda toda su simpatía a la Asamblea Legislativa panameña.

Declaración de Lima

Es en esta histórica noche que la asamblea aprueba por unanimidad la “Declaración de Lima”, en que está contenida la filosofía de la integración. El pueblo peruano le daría más tarde su total apoyo.

El expresidente del Consejo Nacional de Gobierno del Uruguay, senador Héctor Paysee Reyes, agradece la hospitalidad peruana, en nombre de las delegaciones hermanas. Es un discurso brillante, emotivo, que arranca continuas ovaciones. El recinto de la Cámara de Diputados presenta un aspecto imponente y solemne. La asamblea hace un alto intermedio.

De inmediato se realiza en el Salón de los Pasos Perdidos la ceremonia de colocación de la placa conmemorativa de la primera sesión del Parlamento Latinoamericano. Hablan Prialé y el representante uruguayo Feviot. Ambos expresan la inquebrantable voluntad de los pueblos de América Latina de ir hacia el encuentro de la historia, para forjar su unidad continental.

El pueblo sigue los menores incidentes. A lo largo de la semana de sesiones, el pueblo siempre estuvo presente en la Plaza del Congreso para testimoniar su apoyo incondicional a la labor del Parlamento.

Townsend secretario general

La Asamblea eligió, en su última sesión al doctor Andrés Townsend Ezcurra, secretario general del Parlamento Latinoamericano. Como secretario general alterno, al senador David Aguilar Cornejo. Y como subsecretarios regionales a los delegados Juan José Morales Marenco (Nicaragua), Diego Uribe Vargas (Colombia), Humberto Aguirre Doolan (Chile), Rubén Blanco (Argentina) y Aurelio Vianna (Brasil).

En elocuentes términos Townsend Ezcurra, del Perú, agradeció su designación. Las galerías prorrumpieron en sonoros aplausos y los pañuelos blancos se agitaron como nunca en la Plaza Bolívar. Gracias a la Célula Parlamentaria Aprista y la cooperación amplia de los demás sectores políticos, fue posible la realización del más importante evento de 1964 en América Latina: el Primer Parlamento Latinoamericano.

Los parlamentarios salieron de Palacio Legislativo pasadas las 3 de la mañana. Una masa humana que se apretujaba en la Plaza Bolívar y que había aguardado ocho horas sin desmayo, prorrumpió en estentóreos vivas al Parlamento nacional, al Parlamento Latinoamericano, a Víctor Raúl, a la unidad continental; Paysee, Uribe y otros parlamentarios fueron levantados en hombros. Se improvisó una manifestación increíble: al filo de las 4 de la madrugada, hora en que en el Aula Magna del Partido del Pueblo se realizaba un mitin hermoso.

En olor de multitud

Así concluyó, “en olor de multitud”, con la resurrección del patriotismo continental de la Independencia, pero con claro sentido de las realidades económicas de la hora, la primera Asamblea del Parlamento Latinoamericano, paso inicial y decisivo de la integración de nuestros pueblos.


 
 

 

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