Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"

 
   
 


1928-200
8: Vigencia y proyección de

El antiimperialismo y el APRA


 
 


Autor: Hugo Vallenas Málaga

18-09-2008

 
 

 
 

El 23 de mayo de 1928 se cumplieron 80 años de la autoría del libro epónimo de Víctor Raúl Haya de la Torre, El antiimperialismo y el APRA. No fue desde un cómodo gabinete universitario sino en medio de un febril activismo en favor de la gesta de Sandino en Nicaragua, que Haya de la Torre escribió su primer libro orgánico de fundamentación doctrinal, una versión extensa y fundamentada del manifiesto de diciembre de 1926 «¿Qué es el APRA?». La obra fue concluida en México en mayo de 1928, pero recién se publicaría en Chile en 1936, bajo el nombre de El antiimperialismo y el APRA, luego de haber circulado profusamente de mano en mano en copias mecanografiadas.(1)

La teoría: el Estado Antiimperialista

En este trabajo Haya desarrolló una síntesis de tres importantes experiencias revolucionarias que le eran muy valiosas y cercanas: la reivindicación del indigenismo revolución mexicana, la revolución china con su preocupación por las clases medias, la revolución rusa con el modelo soviético de planificación –limándole rasgos totalitarios– y su tesis de la alianza de clases trabajadoras y clases medias en Indoamérica en torno a una democracia superior y más justa. El modelo postulado se denominó «Estado antiimperialista». Según escribe allí Haya de la Torre: «El Estado antiimperialista debe ser pues, ante todo, Estado de defensa, que oponga al sistema capitalista que determina el imperialismo un sistema nuevo, distinto, propio, que tienda a proscribir el antiguo régimen opresor».(2)
Luego de una inmediata segunda edición en 1936, Haya de la Torre no autorizó la reedición de este libro hasta 1970. Publicó en cambio una versión anotada y extensamente comentada bajo el título Treinta años de aprismo en México, en 1956. La obra El antiimperialismo y el APRA es un hito importante en la evolución de la doctrina aprista porque introdujo precisiones de carácter económico, como la aceptación selectiva y condicionada de la inversión extranjera. En este libro Haya se pregunta: «¿Nuestros países necesitan de capitales? La respuesta es afirmativa: sí. Si los necesitan, ¿hay que darles entrada vengan de donde vengan y vengan como vengan? La respuesta es negativa: no».(3)

La práctica: el Plan de México

El trabajo de redacción de El antiimperialismo y el APRA coincidió con la organización de la primera acción política efectiva del aprismo en el Perú: un llamado a la rebelión popular apoyado desde varios países de América Latina, acordado por una conferencia continental de militantes apristas (entonces ya había apristas de diversas nacionalidades del continente: mexicanos, cubanos, nicaragüenses, panameños, costarricenses, venezolanos, etc) en México el 22 de enero de 1928. La rebelión debía ser una enérgica respuesta contra el proyecto del dictador Leguía de perpetuarse en el poder mediante una ilegítima y restringida convocatoria a elecciones y un cambio constitucional amañado. La actitud insurreccional contra Leguía empataba con la lucha no menos insurrecta de la juventud panameña contra el dominio yanqui en la zona del Canal y la imprescindible solidaridad con la gesta de Sandino en Nicaragua (al lado de Sandino ya se encontraban combatientes apristas peruanos, como Esteban Pavletich, años después afiliado al comunismo).
Mediante el «Plan de México», Haya de la Torre propuso desarrollar en el Perú un «partido nacionalista revolucionario» que signifique «la aplicación al Perú de los lemas del APRA, al cual estará adherido el movimiento libertador peruano».(4) El ambicioso Plan no tuvo ocasión de desarrollarse. Además de apresar en el Perú a los implicados en la conspiración, el gobierno de Leguía gestionó la captura y extrañamiento de los integrantes de los comités apristas del Salvador y Panamá. Por otra parte, en el aspecto ideológico, el Plan de México fue objetado por el grupo de intelectuales y sindicalistas organizado por José Carlos Mariátegui en torno a la revista Amauta. Detonó la polémica un beligerante «Manifiesto de Abancay» de Víctor Raúl, (que, por cierto, no fue escrito en Abancay sino en México), tachado por Mariátegui como «grosera y ramplona demagogia criolla» ya que «no hay ahí una sola vez la palabra socialismo».(5) A esta objeción, Mariátegui añadía su discrepancia con la definición del APRA como «partido», prefiriendo que subsista como «frente único», es decir, como una variada alianza de grupos y partidos.

Dos caminos: Haya y Mariátegui

El desenlace de esta discusión –que se prolongó entre los diversos grupos de exiliados hasta febrero de 1929– fue la división del naciente movimiento aprista tanto en el Perú como entre los peruanos exiliados. Más allá de las formas del debate, subyacía una discrepancia irreconciliable entre quienes deseaban dar al aprismo, como destino final, un proyecto revolucionario «marxista-leninista» (como Mariátegui) y los que deseaban mantenerlo como un movimiento nacionalista-continental de unidad de las clases trabajadoras y medias (Haya de la Torre). Resulta peculiar que, durante esta «polémica Haya-Mariátegui», cada líder comentó las opiniones del otro a través de interlocutores y corresponsales, sin producir ningún artículo alusivo ni remitir carta alguna directa a su adversario.
Destacaron en esta crisis como militantes leales a Haya de la Torre, entre otros, Manuel Seoane, Luis Heysen, Manuel Vásquez Díaz, Carlos Manuel Cox y Magda Portal. Eudocio Ravines encabezó la escisión procomunista entre los exiliados peruanos. Esta ruptura no impidió el surgimiento de «secciones» apristas muy activas en México, Costa Rica, Cuba, Panamá, Venezuela, Chile y Argentina, formadas por jóvenes de esos mismos países, sin desterrados peruanos de por medio. El grupo cubano, dirigido por Enrique de la Osa, editor de la revista Atuei entre 1927 y 1928, fundaría un Partido Aprista Cubano en 1933. Y el grupo aprista de Venezuela daría lugar, en 1941, al partido Acción Democrática, liderado por Rómulo Betancourt. La revista costarricense Repertorio Americano, dirigida por Joaquín García Monge, dio amplia cobertura a la campaña del aprismo y de Haya de la Torre en apoyo de Sandino.

Un libro trascendente

Pero el principal aporte del libro de 1928 es definir y sustentar el programa máximo aprista y, con ello, dar a esta doctrina un horizonte de largo plazo.
La vigencia de "El antiimperialismo y el APRA" reside precisamente en la vigencia del programa máximo aprista.
Este programa consta de 5 puntos, sustentados por primera vez en diciembre de 1926, en la revista mensual inglesa Labour Monthly (Nº 12, Vol. 8, 1926, pp. 756-759), en el artículo What is the APRA? («¿Qué es el APRA?»), primer manifiesto de la naciente Alianza Popular Revolucionaria Americana, firmado por Haya de la Torre en «Paris, October, 1926», que mediante dicha revista tuvo difusión internacional con motivo del Primer Congreso Mundial Antiimperialista realizado en Bruselas en febrero de 1927.


Haya de la Torre en el exilio en 1924 y en la campaña presidencial de 1931

El breve manifiesto apareció pocas semanas después en español. Allí «el» APRA (Haya de la Torre nunca gustó nombrar su movimiento político como «la» APRA), es descrito como «la organización de la lucha antiimperialista de la América Latina, por medio de un Frente Único internacional de trabajadores manuales e intelectuales, con un programa común de acción política». Dicho programa común era el ‘programa máximo’ aprista de cinco puntos: «1. Acción contra el imperialismo yanqui; 2. Por la unidad política de América Latina. 3. Por la nacionalización de tierras e industrias. 4. Por la internacionalización del Canal de Panamá. 5. Por la solidaridad con los pueblos y clases oprimidas del mundo».(6)  
El primer punto fue corregido pocos años después como «Acción contra todo imperialismo»  yanqui; «Por la unidad política de América Latina». «Por la nacionalización de tierras e industrias». «Por la internacionalización del Canal de Panamá». «Por la solidaridad con los pueblos y clases oprimidas del mundo».

Un libro marxista ortodoxo

Una lectura atenta y cuidadosa nos indica sin un ápice de duda que esta obra escrita en 1928 se basa en un método marxista riguroso, crítico sin embargo, del dogmatismo comunista. Sin dejar de ser un firme creyente en la lucha de clases y la inevitabilidad de la crisis revolucionaria que pondrá a las masas populares ante la disyuntiva de hacerse o no del poder, Haya de la Torre defiende la necesidad de un camino propio de transformaciones, distinto al europeo o al asiático. Así lo indica en el Cap. VI: «He ahí el sentido, la dirección, el contenido doctrinario del APRA: dentro de la línea dialéctica del marxismo, interpreta la realidad indoamericana».(7) Y agrega: «Sin abandonar el principio clasista como punto de partida de la lucha contra el imperialismo, consideramos cuestión fundamental la comprensión exacta de las diversas etapas históricas de la lucha de clases y la apreciación exacta del momento que ella vive en nuestros pueblos. No desconocemos pues, los antagonismos de clase».(8)

Hacia un socialismo indoamericano

Cuando Haya de la Torre sustenta su tesis básica sobre la presencia del imperialismo en nuestro continente, expuesta en el Cap II, donde señala: «Pero en Indoamérica, lo que es en Europa 'la última etapa del capitalismo', resulta la primera»(9) no lo hace señalando una excepción o un punto de error o ruptura respecto a la ortodoxia marxista, sino como una correcta contribución a lo que sería completar desde Indoamérica una teoría marxista de conjunto sobre el imperialismo. A su vez, la tesis del Estado Antiimperialista es la de un Estado de transición a un socialismo distinto al soviético pero siempre de inspiración marxista. Por eso dice en el Cap VII que «el Estado Antiimperialista desarrollará el capitalismo de Estado como sistema de transición hacia una nueva organización social, no en beneficio del imperialismo -que supone la vuelta al sistema capitalista, del que es una modalidad- sino en beneficio de las clases productoras, a las que irá capacitando gradualmente para el propio dominio y usufructo de la riqueza que produce».(10) Se trata, por supuesto, de un proceso gradual, donde el cooperativismo y la «democracia funcional basada en las categorías del trabajo» (11)  serán el contrapeso del «capitalismo de Estado».

Lecciones de la historia

La exposición doctrinal sobre el Estado Antiimperialista toma en consideración reflexiones muy importantes sobre los factores que determinaron el estancamiento de los procesos revolucionarios más comentados en esos días: el proceso ruso, cuyo celo expropiatorio y acento estatista obligó al Partido Comunista a dar marcha atrás con la NEP (Nueva Política Económica), que restablecía gradualmente la propiedad privada fabril y rural; el proceso chino, cuya alianza con la Rusia bolchevique en 1923 determinó la división y debacle del Kuo Min Tang; y el proceso mexicano, que según Haya de la Torre derivó hacia un fenómeno mesocrático por la ausencia de un enérgico «capitalismo de Estado». El antiimperialismo y el APRA es el primer libro que integra en un análisis de largo plazo la experiencia ofrecida por esas tres revoluciones. Un tema a considerar es el «proceso objetivo" que tarde o temprano crea las situaciones revolucionarias. Haya de la Torre indica con toda claridad (Cap X, p 190) que «la urgencia de acción ha sido el imperativo fundador del APRA» y no el dogma; por lo tanto «no es realista pretender que desde ahora la doctrina revolucionaria indoamericana aparezca completa, finiquitada y perfecta». Lo fundamental es que «sobre el campo de la lucha ha de robustecerse y afirmarse la nueva ideología política y social»; es decir, que el aprismo se fortalece y define sus horizontes siendo parte del pueblo y de sus luchas, y no puede existir al margen de ellas.

Una teoría de la transición

Uno de los grandes vacíos en el debate doctrinal de los años 20 y desde entonces hasta nuestros días, es la falta de estudios de alto nivel sobre el proceso de transformaciones que debe guiar la transición desde la presente situación de injusticia y marginación hacia los umbrales de una sociedad superior. Haya de la Torre, mediante El antiimperialismo y el APRA, fue uno de los pocos que se ocupó con solvencia sobre el tema, en forma original y trascendente. Sólo son equiparables a su aporte, con las distancias de "espacio-tiempo" del caso, el inglés D H Cole con Self Government in Industry (1918), libro que formula para Europa occidental el «guild socialism» («socialismo corporativo»); E. Preobrajenski con La Nueva Economía (1926), que traza el rumbo de la «acumulación socialista originaria» para la Rusia Soviética; y León Trotski con El Programa de Transición, escrito recién en 1940. No hay un libro similar al de Haya de la Torre a nivel del hemisferio sur: ni en China, ni en India, ni en Vietnam... ni en Cuba.

Addenda: Otros dos libros paradigmáticos

No podemos hablar del libro de Haya de la Torre sin ubicarlo al lado de otros dos libros importantes que le son coetáneos: los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana de José Carlos Mariátegui y el primer tomo de La literatura peruana de Luis Alberto Sánchez. Me detendré brevemente en los dos últimos.

Los «Siete ensayos»

Ha sido muy exaltado por los comunistas criollos como punto de partida del pensamiento marxista-leninista peruano, pero apelando únicamente al vínculo precario y conflictivo que tuvo su autor con la Internacional Comunista. De hecho es un libro que pertenece al caudal intelectual del período formativo del aprismo y debe reivindicarse como tal. No es un libro programático ni doctrinal, tampoco es un estudio estructural de la sociedad peruana ni es un típico «análisis de coyuntura». No es, en definitiva, ni por asomo, un texto militante marxista. Es apenas un conjunto de comentarios periodísticos con las impresiones del autor sobre autores y temas del debate nacional de entonces. Fue escrito en forma gradual, a partir de sucesivos artículos, en los días que Mariátegui estaba asociado generacionalmente con los fundadores del aprismo, luego de compartir la experiencia de la Universidad Popular y la codirección de la revista obrera-estudiantil Claridad, al lado de Haya de la Torre. Pretende ser un balance del aporte intelectual de su generación, buscando mostrar el punto de confluencia de diversas inquietudes y tendencias. Carece por completo de tesis originales. La parte económica y agraria se basa en César Antonio Ugarte, en Hildebrando Castro Pozo y en Haya de la Torre (a quien cita y elogia en el acápite «La comunidad y el latifundio» del segundo ensayo) (12); el enfoque sobre la época Inca y la Colonia deriva de Luis Eduardo Valcárcel y de Abelardo Solís; el enfoque republicano se basa en Jorge Basadre; la parte literaria se basa en Luis Alberto Sánchez, Antenor Orrego y el grupo «Norte»; las reflexiones sobre temas religiosos y de ideología social se apoyan en Mariano Iberico y Edwin Elmore, todos ellos autores enteramente ajenos al marxismo-leninismo. Los «Siete ensayos» representan un intento de sentar las bases de un frente único intelectual antiimperialista, señalando lo que otros ya habían dicho entre 1924 y 1928 y cómo todos esos aportes formaban una red implícita. El rumbo ulterior de Mariátegui se contradijo por completo con el esquema y la finalidad de este libro «apristón».

La Literatura Peruana, tomo 1 de LAS

Es una lástima que no existan nuevas ediciones de los dos primeros tomos (1928 y 1929) de La literatura peruana de Sánchez. Mientras las ediciones recientes de esta obra se centran en la producción individual de los autores más notables para luego remontarse hacia sus posibles tendencias colectivas, la primera edición iba en sentido opuesto, analizando en su conjunto la temática «espiritual» del Perú y América Latina para fijar, a partir de allí, la necesidad del compromiso del artista y el creador con su realidad.
La primera versión del tomo I de La literatura peruana (Lima, 1928), célebre por su reivindicación de la literatura andina aborigen y por cuestionar la tradicional sinonimia entre cultura criolla urbana y cultura “nacional”, se aparta de la convencional diplomacia expositiva de los académicos para desplegar agresivos desafíos, muchos de ellos aún pendientes de respuesta. Allí, además de ensanchar los fueros de la crítica literaria señalando que “vale tanto el panzudo volumen como la proclama fugitiva […], el audaz libelo, […] la oratoria y el periodismo”, Sánchez afirma que “dos razas sometidas y una despótica forman el Perú literario” y que “la literatura no se concreta a manifestaciones platónicas sino que tiene un profundo sentido humano que es preciso desentrañar”.(13)
El autor fija sus discrepancias con el indigenismo en todo lo que tiene de pose y de artificialidad, al mismo tiempo que rechaza los extranjerismos y las actitudes estéticas evasivas. Es una obra encaminada con firmeza hacia el aprismo y que nos obliga a reflexionar si es admisible una literatura sin sensibilidad hacia nuestros semejantes y nuestro destino como nación. Por si esto fuera poco, es el primer estudioso que defiende las obras conservadas en forma oral de nuestra época prehispánica como legítima literatura.
En este y otros textos de 1928, entre ellos el libro Se han sublevado los indios, Sánchez aporta un tema no estudiado con la debida profundidad hasta la fecha: la importancia que tuvo Abraham Valdelomar como nexo entre Manuel González Prada y la Generación del Centenario. Valdelomar fue un gran inspirador de Haya de la Torre en cuanto a adoptar el ejemplo moral del viejo maestro, hacer una «nueva política» basada en la «emoción social hacia el Perú profundo» y la «fuerza renovadora de la juventud» (cito al propio Valdelomar) y murió en 1919, el año en que su gran amigo trujillano llevaba ese ideal a la acción.

(1)

Sánchez, Luis Alberto: La literatura peruana. Derrotero para una historia espiritual del Perú. Tomo I. Talleres Gráficos «Perú», Lima, 1928, p. 10, 114 y 13-14. 

(2)

  Aunque suele mencionarse una primera edición de 1935, es un hecho comprobado que el prólogo del autor recién estuvo listo el 25 de diciembre de 1935 y que Haya recién tomó una decisión sobre el título en una carta a Luis Alberto Sánchez, editor del libro en Chile, del 8 de enero de 1936, Haya estuvo decidido por el título (ver: Correspondencia Haya-Sánchez, tomo I, p. 167). Pueden consultarse estos detalles en Pedro Planas y Hugo Vallenas: Haya de la Torre en su espacio y en su tiempo. Ed. Cambio y Desarrollo, Lima, 1990, nota al pie 138.

(3)

Haya de la Torre: El antiimperialismo y el APRA. Ed. Ercilla, Santiago de Chile, 1936, p. 138.

(4)

Haya de la Torre: Op. cit., p. 156.

(5)

El tema está ampliamente documentado por Ricardo Martínez de la Torre en el tomo II de sus Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú. Emp. Editora Peruana, Lima, 1948.

(6)

José Carlos Mariátegui: Correspondencia. Ed. Amauta, Lima, 1984, t. II, p. 372. El debatido «Manifiesto de Abancay» fue reproducido por Rolando Pereda Torres en El libro rojo de Haya de la Torre.  Ed. IEA, Lima, 1979.

(7)

Versión en español tomada de Haya de la Torre: Por la emancipación de América Latina. Ed. M. Gleizer, Buenos Aires, 1927, p. 187.

(8)

Haya de la Torre: El antiimperialismo y el APRA. Ed. Ercilla, Santiago de Chile, 1936, p. 118.

(9)

Haya de la Torre: El antiimperialismo y el APRA. Ed. Ercilla, Santiago de Chile, 1936, p. 119.

(10)

Haya de la Torre: Op. Cit. 1936, p. 51.

(11)

Haya de la Torre: Op. Cit., 1936, p. 140.

(12)

Haya de la Torre: Op. Cit. 1936, p. 141.

(13)

Dice allí Mariátegui: «Escrito este trabajo, encuentro en el libro de Haya de la Torre Por la emancipación de América Latina, conceptos que coinciden absolutamente con los míos sobre la cuestión agraria en general y sobre la comunidad indígena en particular. Partimos de los mismos puntos de vista, de manera que es forzoso que nuestras conclusiones sean las mismas» (Ver: Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, Editora Amauta, 38 edición, Lima 1978, p. 84, nota a pie de página)

 
     
     
     
     
     
     
     
     
   

 

 

 
 
 
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