Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"
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Comentario a “El Aprismo: a la búsqueda de un nuevo orden económico y social” de Claudio A. Selamé* |
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Autor:
Hugo Vallenas Málaga
23-10-2008
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1. Hegel, amos, esclavos y el Estado
No estoy de acuerdo con la interpretación que hace Claudio de la Ética de Hegel. Las alusiones de Hegel al amo y al esclavo en la Fenomenología del Espíritu son metafóricas y pretenden describir la situación inmediata del individuo en sí, carente de determinación y decisión, en oposición al individuo conciente y capaz de realizar una praxis propia. No son conceptos históricos. Hegel no es igualitario ni tiene como meta de su sistema una ética universal, no obstante creer en una ética absoluta. Si seguimos esa misma dynamis hegeliana en su Filosofía del Estado, encontramos que Hegel cree en una permanente oposición entre el hombre en sí y en hombre para sí, entre la sociedad civil y el Estado, entre la infraestructura y la superestructura (Hegel es precisamente el autor de esos conceptos tan llevados y traídos por los marxistas).
La oposición entre impulso y razón, entre estar y ser, tiene como solución dialéctica una jerarquía de poderes a cargo de personas superiores cuyo pedestal es el Estado. El Estado es definido por Hegel como la única inmediación posible (Unmittelbarkeit), de una sociedad dada. El Estado hegeliano es el custodio eterno de la Ética como si fuera el fuego votivo de las antiguas vestales y se ocupa de hacer esta Ética mediata a través del Derecho. Por lo tanto, a partir de Hegel sólo es posible deducir sistemas políticos verticales, donde el Estado es un fin en sí mismo. No considero posible relacionar el método de Hegel con ninguna forma societal basada en un principio de horizontalidad.
Históricamente, Hegel ha inspirado todos los autoritarismos alemanes. Es más, en la Filosofía del Derecho, donde Hegel antepone dogmáticamente el principio de Estado-Nación (Reichstaat princip) a todo su sistema político (principio germanista que hace al hegelianismo incompatible con la unificación europea) este filósofo atribuye al Estado el derecho de exclusión de todo grupo incapaz de encarnar los principios raciales, idiomáticos e incluso sanguíneos que son indispensables a un Estado-Nación. Hegel consideró el espíritu germánico (Der Germanische Geist) como modelo de "autoconciencia absoluta" y de "autodeterminació n del principio de la libertad" en base a consideraciones puramente racistas. En conclusión: ¡Sieg heil Führer Hegel! (Sobre el significado autoritario y chauvinista del hegelianismo se ocupa ampliamente Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos).
Resumo mi opinión sobre este punto: La principal objeción al razonamiento de Claudio sería que para Hegel la sociedad civil es una forma primitiva e indeterminada, carente de razón y fin, merecedora de depuraciones en manos de amos rigurosos, antes de merecer un microbite de la ética absoluta, mientras para Claudio, en forma sanamente cristiana (y en este punto cualquier página de los evangelios es éticamente superior a las 800 de la Philosophie de Geschichte de Hegel), la sociedad civil, es decir, el prójimo, merece una ética universal por el simple hecho de existir. Por mi parte, estoy totalmente de acuerdo con Claudio y el buen Paulo de Tarso y en absoluta discrepancia con Hegel. |
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2. ¿Hayismo horizontal o vertical?
La oposición entre un orden económico y social vertical y otro horizontal, tal como la expone Claudio, podría fundarse sobre una nueva interpretación de las relaciones ideales entre Estado y sociedad civil pero no creo posible que pueda hacerse sobre una base ética. Tampoco creo que la relación lineal respecto al eje gravitacional pueda servir para una suficiente definición. Y no creo que el aprismo quepa dentro de esa posible definición. El aprismo, siendo democrático, es, ante todo, estatista. Siempre lo fue. Contra el imperialismo propone el Estado antiimperialista como "estado de guerra económica"; contra el liberalismo empresarial propone nacionalizaciones y planificación; contra la libre fluctuación de los precios de la economía propone precios regulados y subsidios (en 1945-1948 auspició la creación de "estancos", es decir, el monopolio estatal, de varios productos de la canasta básica familiar, como la sal y el kerosene); y para subsanar la pobreza propone cooperativas respaldadas financieramente por el Estado (que tengan una presencia competitiva más fuerte que las empresas privadas). Redistribución gradual de la riqueza desde un Estado fuerte: ese es el fondo estructural, la doxa y episteme, o si se quiere, el paradigma, de la obra de Haya de la Torre como estadista, desde 1924 a 1979.
Dicho en los términos de Claudio: el aprismo resuelve el principio "horizontal" de su ética mediante una práctica "vertical"; y, podría decirse que, a la inversa, el liberalismo conservador resuelve su principio ético "vertical", clasista y excluyente; mediante una práctica más "horizontal" que la aprista, por el principio económico de libre concurrencia, donde los poderosos tienen asegurados todos los privilegios de antemano.
Creo que "la pepa" doctrinal del aprismo se resume el siguiente enunciado del "Discurso del reencuentro" de Haya de la Torre del 20 de mayo de 1945: "No se trata de quitar riqueza al que la tiene sino de crear riqueza para el que no la tiene". Y el gradualismo, la concesión negociadora, que Haya de la Torre exige a los más necesitados, implica la aceptación del modelo vertical existente como mediación indispensable para toda forma societal superior.
En definitiva, discutir sobre el principio vertical u horizontal de las propuestas desplegadas en una lucha política que se realiza dentro de las reglas de juego de un Estado reconocidamente vertical y excluyente, desde mi punto de vista, conduce a juzgar los elementos de la discusión fuera del espacio-tiempo y del plano universal apropiado. Es como querer establecer la calidad de diversas fotografías pretendiendo clasificar las que nos gustan como tridimensionales y cinéticas, cuando en verdad son tan planas y fijas como las otras.
En 1928, cuando Haya de la Torre intentaba trazar un puente entre el aprismo y "un socialismo que vendrá después", era posible ingresar a la discusión que propone Claudio, pero siempre, por fuerza, ubicándonos "más allá" del aprismo, más allá del Estado antiimperialista, más allá de la dictadura del proletariado, más allá del welfare state, en el terreno de los grandes escenarios utópicos. No es un escenario que debamos desechar. Todo lo contrario. Pero es un espacio más elevado y amplio que aquel donde se desenvuelve el terrenal aprismo. |
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3. ¿El Congreso Económico Nacional horizontal?
La propuesta hayista del CEN surgió a finales de los años 20, durante la etapa alemana de su exilio. Y tiene como referencia el corporativismo alemán. Haya lo dice claramente en una entrevista de 1972 consignada en el libro 40 reportajes, página 354: "Esta idea tuvo su origen en Alemania y tuvo su origen en un personaje que se sintió estupefacto por el tránsito de ese industrialismo alemán que apareció violentamente a sus ojos y ese fue Bismarck".
En 1931 la idea fue presentada al Partido, inicialmente, como una forma de reformar el Estado en su conjunto, como un "Estado funcional" o "Estado científico". Luego varió hacia la tesis del CEN como "cuarto poder" o "poder colegislador". En el proyecto de ley de creación del CEN presentado por el PAP a la Cámara de Diputados en mayo de 1946, así como en el libro El Plan económico del aprismo (1948) de Carlos Manuel Cox, se justifica la creación de este organismo, para que exista en forma complementaria al Congreso ordinario, en tanto las leyes vigentes sobre ciudadanía excluyen a los trabajadores.
Para votar había que ser ciudadano alfabeto de 21 años y para ser elegido había más restricciones todavía, de manera que el CEN era una solución complementaria ante el limitado acceso de la civilidad a los poderes fiscalizadores. Sin embargo, la principal objeción en la Cámara era que el proyecto incluía con voz y voto en el CEN, a las Fuerzas Armadas, al clero y (lo que más rechazo motivó) a los representantes del capital extranjero. En esos mismo días, un hombre pernicioso pero siempre bien informado, Eudocio Ravines, desde el periódico Vanguardia, tachó al CEN como proyecto costoso e inútil, que sólo tendría sentido si era como la Duma rusa de 1905, que también incorporaba representantes de grupos sociales, pero cuya agenda era fijada por el zar con fines consultivos; o si era para fijar sus propios reglamentos sectoriales, subdivididos según ministerios, como eran los consejos de capital y trabajo bismarckianos y hitlerianos.
Como organismo permanente, Ravines lo consideraba impracticable a menos que tenga carácter corporativista (la frase se origina en el deseo de "incorporación" de los organismos civiles a las funciones del Estado, idea que se origina en el canciller alemán Metternich). Personalmente no considero el CEN una propuesta vigente. Tampoco creo que fue válido en su momento. ¿Era posible que los campesinos discutan la reforma agraria "de igual a igual" con los grandes terratenientes en el CEN?
Empero, sin ir más lejos, en todas sus variantes, el CEN fue concebido como un proyecto político de corto plazo, para presentar y defender reivindicaciones ante el Estado vertical y clasista contemporáneo. Es en sí mismo vertical en oposición simétrica a otra institución vertical. No hay forma de darle un sentido horizontal, por participativa que sea la intención.
Tampoco el proyecto aprista consideraba el CEN como una forma de Estado alternativa al Estado clasista del presente. De hecho, Claudio nos propone su propia tesis sobre el CEN, sobre una base ética y de corresponsabilidad distinta a la de Haya de la Torre. Lo cual obliga a una discusión sobre si el Estado representativo republicano que define nuestra Constitución es de aspiración o motivación horizontal y equitativa. Considero que no es así. |
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Comentario final:
De todos modos considero el texto de Claudio muy útil y hasta tonificante frente a la realidad aprista de cada día. Posiblemente estoy de acuerdo con muchas de sus propuestas, pero tengo una objeción metodológica a lo que considero una forzada búsqueda de "filiaciones" o "pertenencias" cuando son, evidentemente, ideas originales que valen por sí mismas. |
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*Ver artículo El Aprismo: a la búsqueda de un nuevo orden económico y social |
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