Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"

 
   
 


HAYA De LA TORE Y LAS UNIVERSIDADES POPULARES
“GONZÁLEZ PRADA”

 
 


Autor: Hugo Vallenas Málaga

15-09-2008

 
 

 
 

El motivo de este artículo

Durante los primeros años de la década de 1920, las luchas sociales produjeron en el Perú un interesante fenómeno cultural: la universidad popular, creada, organizada y desarrollada por los propios trabajadores, con apoyo de los estudiantes universitarios. Tuvo carácter masivo en los barrios obreros del centro de Lima y Vitarte. Se fundó en 1921, como prolongación de la unidad de obreros y estudiantes de la capital que permitió la obtención de la jornada de ocho horas en enero de 1919.
La universidad popular intentó aportar a los obreros conocimientos sobre cultura general y sobre sus derechos. Recíprocamente, debería generar un vínculo permanente de solidaridad y “emoción social” (así se decía entonces) entre los estudiantes. El resultado fue una entusiasta insurgencia de inquietudes radicales que hizo suyas tradiciones del movimiento obrero internacional como la Fiesta de la Planta y la bandera roja.
Desde 1922, el movimiento adoptó un nombre plural –las universidades populares–  y llevó el nombre del animador literario del anarquismo peruano Manuel González Prada. Al año siguiente unió las más avanzadas expresiones de renovación e inquietud cultural de la juventud tanto limeña como provinciana en la revista Claridad. En mayo de 1923, las UPGP condujeron una formidable protesta en defensa de la libertad de cultos. Después de 1924 quedó debilitada por la represión del dictador Leguía y la ausencia forzosa (cárceles, exilio) de sus principales animadores.
Las UPGP se desarrollaron fundamentalmente en el barrio fabril de El Cercado, esto es, en el centro de Lima; en poblados obreros de la provincia de Lima entonces alejados de la ciudad como Vitarte (20 km al este), Chosica (30 km al este) y Barranco (5 km al sur); y en el puerto del Callao (10 km al oeste). Tuvo corta duración en Trujillo, Salaverry, Huaraz, Ica, Jauja, Arequipa y Cuzco. Subsistió en Lima hasta 1927.
El ejemplo de las UPGP debe seguir siendo importante para las nuevas generaciones. La unidad entre estudiantes y trabajadores por la plena libertad y la justicia social no ha perdido vigencia.

 
 

 

Tres factores constitutivos

La aparición de la universidad popular fue el resultado de una confluencia singular de factores:
En primer lugar: la aparición de una nueva generación de líderes obreros formados en las luchas conducidas por el anarcosindicalismo, pero que daban un paso hacia delante al interesarse en tomar contacto con la intelectualidad (algo que era tabú para sus líderes mayores), aunque mantenían el principio anarquista de ser firmemente contrarios a toda presencia partidista en su movimiento.
En segundo lugar: la evolución del movimiento universitario tras la experiencia reformista de 1919, dejando atrás la visión compasiva y asistencialista del arielismo (propugnado por el uruguayo José Enrique Rodó) hacia el movimiento obrero y buscando nuevas definiciones al margen de la política tradicional.
Tercero: la presencia de un líder imponente, con grandes dotes de orientador y organizador, opuesto al partidismo de turno y dedicado por completo a este proyecto, como fue durante ese período Víctor Raúl Haya de la Torre.
Esta confluencia de factores fue y es irrepetible. No pudo darse antes por la inmadurez de ambos movimientos sociales y no pudo darse después por la pérdida del no partidismo que permitió su nacimiento.
Pero hay un factor adicional más importante todavía. La fuerza beligerante que adquirió este movimiento y el impacto posterior que tuvo en la política peruana –en las UPGP estuvo el germen de lo que más tarde fueron el aprismo y el extenso ramaje de partidos y grupos socialistas y comunistas– residen en el sentimiento esencial que unió a las dos corrientes generacionales convergentes.
No los unía “la cultura” ni el simple deseo de “hacer el bien”; ni siquiera la simpatía por un socialismo utópico o un cambio social en abstracto. No. Los unía la creencia en la actualidad de la revolución. Querían sentirse parte de un mundo en plena transformación y que avanzaba a grandes trancos por obra de la acción revolucionaria de los trabajadores. Y dentro del país existía una dinámica de radicalización y anhelo de cambio que los jóvenes, tanto estudiantes como trabajadores, querían liderar.

 
 

 

Una nueva generación de dirigentes obreros

Los líderes obreros que colaboraron en la conducción de la Universidad Popular eran coetáneos de los líderes universitarios reformistas. Tenían como promedio veintiún años de edad, el límite para ser considerados adultos. En las duras jornadas que condujeron a la conquista de la jornada de ocho horas en enero de 1919, se ganaron a pulso un lugar de primer orden al lado de los líderes más experimentados, de formación anarcosindicalista. Tenían cierto grado de instrucción y cierta cultura política, esta última facilitada fundamentalmente por los activistas del grupo anarquista La Protesta. Eran oradores, redactaban sus boletines sindicales y algunos tenían incluso inquietudes artísticas. Tuvieron, además, una actuación protagónica en la fundación de dos importantes organizaciones reivindicativas: la Federación de Trabajadores en Tejidos (fundada el 16 de enero de 1919, al día siguiente de ganarse la jornada de ocho horas) y la Federación Obrera Regional Peruana –FORP– (fundada el 8 de julio de 1919). Esta última permitió fundar en mayo de 1921 la Federación Obrera Local de Lima y la Federación Obrera Local del Callao como sus bases de apoyo.
Podemos mencionar algunos nombres. Arturo Sabroso, joven organizador textil, fundador de la Federación y exitoso negociador del primer pliego de reclamos, fue en 1919 director-fundador y redactor principal de El Obrero Textil, órgano de la Federación de Trabajadores en Tejidos del Perú. Debemos a Sabroso que, bajo la firma de “Un Tejedor”, en el primer número podamos leer: “Es necesario unirse y organizarse (…) para formar un todo orgánico que armado con sus medios y fuerte por su unión pueda, cuando el momento histórico suene su hora, arrojar del mundo todas las aberraciones y todos los tiranos del Capital y del Estado”. Se trata de un artículo que rompe por completo la norma de cautela que solía diferenciar los boletines gremiales anarquistas de los boletines “ideológicos”. Sabroso fue, como bien sabemos, uno de los fundadores del Partido Aprista Peruano y uno de los 22 constituyentes de 1931 que la dictadura de Sánchez Cerro destituyó y deportó. Fue más adelante el líder histórico de la Confederación de Trabajadores del Perú (CTP) fundada el 1 de mayo de 1944.
Otro activo impulsor de la universidad popular fue el joven líder sindical de Vitarte, Julio Portocarrero, secretario general de la Federación Textil en 1920, quien llegó a ser cercano colaborador del primer intelectual marxista peruano, José Carlos Mariátegui. Portocarrero fue uno de los fundadores, el 7 de octubre de 1928, del Partido Socialista Peruano (que luego se convirtió en Partido Comunista Peruano tras la muerte de Mariátegui en 1930); ese mismo año fue delegado al IV Congreso de la Internacional Sindical Roja en Moscú (donde no aceptó ser presionado a firmar la “excomunión” del grupo español opositor al estalinismo que lideraba Andreu Nin); también asistió al Primer Congreso Sindical Latinoamericano de Montevideo (mayo 1929) y a la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana de Buenos Aires (junio 1929). Fue el primer secretario general de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), fundada el 19 de mayo de 1929 y connotado dirigente del PCP hasta 1942.
Desarrollar toda la lista de líderes obreros que convocó la universidad popular y que luego serían notables en la historia del sindicalismo peruano, sería interminable.
Un dato interesante que aporta Julio Portocarrero en su libro de memorias, es que la primera universidad popular, la del centro de Lima, se creó por iniciativa de la Federación de Estudiantes, mientras la segunda y la más importante, la de Vitarte, se creó por iniciativa de los propios obreros: “Fue un acuerdo del sindicato hablar con el rector de la universidad popular –Haya de la Torre– para que se implantara la universidad popular en Vitarte. (…) Él aceptó de inmediato”.
Estos jóvenes líderes obreros no tenían ningún sentimiento de inferioridad frente a los estudiantes. Ya tenían bibliotecas, tenían firmes convicciones anticlericales y defendían un código moral muy estricto, heredado del anarcosindicalismo, contrario al alcoholismo, la promiscuidad sexual, la usura y los juegos de azar.
El vínculo de estos dirigentes obreros con los profesores-estudiantes de la UP ensanchó sus horizontes ideológicos. Aquí, forzando el análisis, debemos incluir entre los “profesores-estudiantes” a José Carlos Mariátegui, joven intelectual de formación autodidacta, ajeno al ámbito universitario, pero que estuvo desde 1923 entre los profesores de la UP y cumplió una función ilustrativa muy importante con sus conferencias sobre la “Historia de la crisis mundial”, donde enfatizaba, a la luz de los acontecimientos mundial posteriores a la I Gran Guerra, la urgente actualidad de la revolución socialista a escala mundial.

Herencia y crisis del anarcosindicalismo

La UP rescató muchos aspectos de la obra ideológica del anarcosindicalismo pero, al mismo tiempo, puso a esta corriente ante un momento de definiciones que la condujo a una inmediata crisis y a la pronta pérdida de su influencia entre los obreros sindicalizados.
Los líderes anarcosindicalistas eran hombres que bordeaban los 40 años, celosos defensores del sindicato como instrumento liberador por excelencia y renuentes a toda influencia ajena al medio social obrero.
Su más importante animador fue Delfín Lévano (1885-1941), obrero panadero, poeta, músico y hábil sindicalista, fundador del periódico doctrinal La Protesta, cuyo primer número se publicó en 1911. Junto con Carlos Barba, Nicolás Gutarra y Leonardo Urmachea, formó un firme núcleo dirigente que fue forjando, desde 1913, el movimiento por las ocho horas. El gran precursor de la gesta anarcosindicalista fue el padre de Delfín, Manuel Caracciolo Lévano (1862-1935), formidable personaje experto en diferentes oficios que además fue combatiente en la guerra con Chile, montonero pierolista en 1895, discípulo de las prédicas de rebeldía de Manuel González Prada, mutualista y luego anarquista. En 1919 era una figura venerada entre los obreros organizados.
Dos acontecimientos importantes desencadenaron una profunda crisis en el anarcosindicalismo peruano. Uno era de naturaleza local e inmediata. Luego de la conquista de la jornada de ocho horas y la fundación de la FORP, la siguiente tarea fue la formación, el 13 de abril de 1919, de un Comité Pro Abaratamiento de las Subsistencias. A diferencia de la campaña por las ocho horas, que tuvo apoyo popular y sobre todo estudiantil, esta vez, por decisión del núcleo de La Protesta, el movimiento se mantuvo restringido al ámbito sindical de obreros y artesanos y fue fácilmente derrotado por el gobierno. Urmachea, Barba y Gutarra fueron deportados y muchos otros activistas estuvieron confinados en la isla San Lorenzo.
El segundo acontecimiento era de tipo internacional. El fin de la I Gran Guerra trajo consigo el triunfo de los bolcheviques en Rusia y un gran auge partidista en el movimiento obrero europeo. Los obreros sindicalizados de Europa ya no querían ser indiferentes al quehacer gubernamental y parlamentario. En China, India y otros países asiáticos había un despertar nacionalista revolucionario. Y en América Latina, a partir de la revolución mexicana, había una gran inquietud por el tema indígena y el problema agrario. El anarcosindicalismo, que había aportado una justa preocupación por el carácter internacionalista de la lucha de clases, no tenía ideas claras ni era solidario con todos estos movimientos. El contacto con los estudiantes sí podía aportar luces sobre temas entonces tan gravitantes como la lucha política de los obreros por el poder, organizados en partidos, la expansión del dominio norteamericano en América Latina y el problema de la unidad antiimperialista con los campesinos y pueblos oprimidos del mundo.

Anarquismo y anarcosindicalismo

Conviene precisar que no son lo mismo anarquismo y anarcosindicalismo. El anarcosindicalismo surgió a finales del siglo pasado en oposición al “utopismo” de los viejos líderes anarquistas y en abierto rechazo al extremismo de algunos grupos desmoralizados.
Había fracasado en toda Europa la vieja tesis (de la Primera Internacional de Marx y Bakunin) de la revolución basada en la “huelga general con el pueblo en armas”. En medio del desbande, un sector de militantes derivó hacia el terrorismo y el atentado individual, muchas veces suicida. Entre 1880 y 1910, estos anarquistas desarraigados asesinaron al zar Alejandro II (1881), al presidente francés Sadi Carnot (1894), al primer ministro español Antonio Cánovas del Castillo (1897), a la emperatriz Sissy de Austria (1898) y al rey Humberto de Italia (1900). En radical discrepancia con tal orientación, los grupos vinculados a las luchas económicas obreras adoptaron hacia 1900 un anarquismo más moderado que el de treinta años atrás, este fue el anarcosindicalismo.
Según el historiador George Lichtheim, esta corriente se gestó en Francia y la tesis básica que la animaba era considerar, en ausencia de una próxima revolución, el sindicato como un fin en sí mismo. El documento que irradió esta idea fue la Carta de Amiens, de 1906, en la cual los dirigentes anarquistas de la Central General de Trabajadores francesa proclamaron la incompatibilidad de los partidos y el parlamentarismo con los intereses del movimiento obrero. Este credo se ratificó en el Congreso Mundial anarquista de Amsterdam, de 1907, donde una de las principales ponencias explicaba: “El sindicato obrero no es únicamente un instrumento de combate; es el embrión de la futura sociedad y la sociedad del futuro será aquello que hagamos del sindicato”. La “vieja guardia” anarquista, insurreccionalista, se separó definitivamente del movimiento y tildó al anarcosindicalismo de “aburguesado”.
Los primeros grupos anarquistas que se formaron en el Perú, encontraron en el mensaje de la Carta de Amiens y otros manifiestos internacionales similares, un fundamento sensato para el paciente trabajo de fijar los cimientos del movimiento obrero organizado. Sabemos de influyentes propagandistas de estos principios que tomaron contacto con los obreros de Lima en enero de 1913: los activistas italianos José Spagnolli y Antonio Gustinelli, “delegados de la Federación Obrera Regional Argentina en gira de propaganda”.
No debemos sobreestimar la influencia en el naciente anarquismo peruano de la prédica de Manuel González Prada. Fue un símbolo animador pero no un portador de ideas doctrinales claras. Su anarquismo fue más literario que conceptual. Era más un poeta que un ideólogo. El famoso enunciado de su folleto Bajo el oprobio (1914): “El techo de un parlamento es demasiado bajo para la estatura de un hombre honesto”, puede impresionar a un auditorio pero no señala una estrategia.
El anarcosindicalismo criollo se forjó como parte de un movimiento internacional bien informado y comunicado. Como recuerda Julio Portocarrero: “Reproducíamos en nuestros periódicos algunos artículos que traía La Protesta que venía de Argentina; de La Antorcha que venía de Uruguay o del periódico que venía de España: Tierra y Libertad de Anselmo Lorenzo”.
Los líderes obreros de esta corriente –en el Perú y en todas partes– mostraban desdén hacia los estudiantes y las clases medias y, en el caso del movimiento campesino, se solidarizaban “moralmente” con sus luchas sociales pero no propugnaban su inmediata articulación. En el fondo, rechazaban no sólo la política tradicional sino cualquier acción de gran envergadura popular enfatizando excesivamente una serie de prerrequisitos culturales. La Protesta opinaba de este modo en 1920 frente a los movimientos campesinos: “A cualquiera solución política o económica debe anteponerse una solución pedagógica, la única capaz de crear [...] o de reavivar [...] esa potencialidad energética que poseen las razas”.  
La UP creó una honda brecha generacional entre los jóvenes líderes obreros y sus mentores anarcosindicalistas. Los dogmas cayeron y surgió, sin pérdida del sentimiento clasista y beligerante, una sana búsqueda de nuevas ideas. A esto ayudó que el movimiento estudiantil también buscaba definiciones. Hubo algunos cuajados anarcosindicalistas que se sumaron a la UP y finalmente dejaron ese ideario. Tal es el caso de Manuel Pedraza y Adalberto Fonkén. Manuel Pedraza, obrero de construcción civil, aportó a la UP un centro cultural ya consolidado, la Biblioteca Obrera de Bajo del Puente, fundada en 1920. Pedraza escribió la “Página del Proletariado” en la revista Claridad, vinculada a las UPGP, que fundó Haya de la Torre en 1923. Por su parte, Fonkén era un sindicalista experimentado, que publicó en 1916 el periódico El Obrero Organizado (donde firmaba como “El Soñador”) donde propugnaba la unificación obrera textil. Mientras las UPGP se desarrollaban a nivel nacional, el viejo grupo anarcosindicalista fue perdiendo fuerza, hasta que en 1926 ya no pudo seguir publicando La Protesta y entró en disolución.

El movimiento universitario

El movimiento estudiantil reformista que se dio en Lima en julio de 1919 tuvo como fuerza animadora el eco de la gran revuelta estudiantil de Córdoba, Argentina, de junio de 1918.  La reforma cordobesa produjo un célebre “Manifiesto Liminar”, conocido como “el grito de Córdoba”, dirigido “A los hombres libres de Sudamérica”, que sacudió las conciencias de muchos líderes universitarios, entre ellos Haya de la Torre en Lima, Germán Arciniegas en Bogotá, Julio Antonio Mella en La Habana, Carlos Quijano en Uruguay, Óscar Schnake en Chile y Miguel Ángel Asturias en Guatemala. Recordemos algunos pasajes: “La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta porque aquí los tiranos se habían ensoberbecido (…). Las universidades han sido hasta aquí el refugio secular de los mediocres, la renta de los ignorantes, la hospitalización segura de los inválidos y, lo que es peor aún, el lugar en donde todas las formas de tiranía y de insensibilizar hallaron la cátedra que las dictara. (…) La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. (…) La juventud universitaria de Córdoba, por intermedio de su federación, saluda a los compañeros de la América toda y les incita a colaborar en la obra de libertad que se inicia”.
La pauta básica de este movimiento reformista –que los estudiantes peruanos también hicieron suya– era el logro de los siguientes puntos: 1) gratuidad de la enseñanza; 2) autonomía universitaria; 3) cogobierno con representantes de los estudiantes; 4) acceso por concurso a la cátedra; 5) libertad de cátedra y derecho a cátedras paralelas; 6) extensión universitaria para beneficio de la población trabajadora. Había que acabar con el rezago colonial en las universidades. Democratizarlas era al mismo tiempo modernizarlas, hacerlas más técnicas. Pero no sólo era una reforma institucional. Los estudiantes reformistas se sentían una colectividad organizada y con voz propia, protagonista de un cambio social. Este sentimiento derivó en una identificación con el tema indigenista y antiimperialista; la revolución mexicana avivó esta identidad.
El movimiento estudiantil peruano aportó a este caudal su propia reforma universitaria y la obra social de las UPGP. A esto añadió una valiosa inquietud intelectual avivada por el Conversatorio Universitario, organizado en setiembre de 1919 por los estudiantes reformistas Raúl Porras, Jorge Guillermo Leguía, Luis Alberto Sánchez y el propio Haya de la Torre, con el fin de revisar críticamente la historia de la independencia y recuperar sus grandes ideales. Por intermedio de Haya de la Torre, los estudiantes peruanos dieron nuevo lustre al viejo ideal bolivariano de unidad continental y lo extendieron a un acuerdo de mutua colaboración con la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (presidida por Alfredo de María) y la Federación Universitaria Argentina (presidida por Gabriel del Mazo), que contempló “llevar a cabo una cultura intensiva para el pueblo; estudiar los problemas sociales y sostener a las Universidades Populares” . Tres naciones en permanente discrepancia territorial se hermanaban a través de sus juventudes. Entre febrero y mayo de 1922, el dirigente de la FEP y rector de las UPGP amplió estos lazos haciendo una rápida visita a Montevideo, Buenos Aires, Córdoba, La Paz y Santiago de Chile. Haya, en nombre de los estudiantes peruanos, fue el único líder universitario que realizó un esfuerzo unionista de este tipo.
Por consiguiente, del mismo modo que los líderes obreros concurrentes a las UPGP reunían experiencia, talento y amplitud de miras intelectuales, los líderes estudiantiles participantes eran parte de una corriente de renovación de gran ímpetu continental. Sin haber alcanzado el doctorado todavía, Raúl Porras, Jorge Basadre, Jorge Guillermo Leguía y Luis Alberto Sánchez ya eran autores reconocidos. Y muchos de los que fueron profesores en las UPGP ya se anunciaban como talentosos profesionales; otros fueron más adelante prominentes políticos, fundadores del aprismo o de los partidos socialista o comunista.
Entre los estudiantes que fueron profesores en las UPGP podemos mencionar a Óscar Herrera, Enrique Cornejo Köster, Luis E. Heysen, Víctor Iparraguirre, Julio Lecaros, Luis Bustamante, Eloy Vega y Luque, Nicolás Terreros, Esteban Pavletich, Jacobo Hurwitz y Luciano Castillo. Muchos eran de origen provinciano. Entre los estudiantes que colaboraron con las UPGP desde la revista Claridad, debemos incluir a Jorge Basadre, Manuel Beltroy, Federico Bolaños, José Diez Canseco, María Alvarado, César Vallejo y Manuel Seoane. Y algunos nombres importantes que no eran de estudiantes como Pedro Zulen, John A. Mackay, Antenor Orrego y José Carlos Mariátegui.
La reforma universitaria latinoamericana concitó el interés de intelectuales notables de todo el mundo. Y la actividad de los estudiantes peruanos también. Ello explica que la revista Claridad de las UPGP tuviera una ilustre plana de colaboradores del exterior, entre los que podemos mencionar a Henri Barbusse, Rabindranath Tagore, Miguel de Unamuno, Luis Jiménez de Asúa, Eugenio Debbs, José Ingenieros, Gabriela Mistral y José Vasconcelos, Blanca Luz Brum, Rubén Azócar, Pío Baroja y Alejandro Korn.

Haya de la Torre

Como líder e inspirador de las universidades populares, Haya de la Torre mostró una interesante combinación de radicalidad y pragmatismo. En las UP fue un rector universitario en el cabal sentido del término, al mismo tiempo que fue un gran animador de un optimismo revolucionario que recogía ideas de diversas fuentes, entre ellas, las del grupo Clarté (Claridad) del escritor francés Henri Barbusse, Clarté (Claridad), que también organizaba universidades populares pero bajo moldes impuestos por los partidos obreros y las centrales sindicales.
Por iniciativa de Haya de la Torre, la actividad de las UPGP tuvo un cuidadoso equilibrio entre la finalidad instructiva y la finalidad de fomentar inquietudes de renovación. Los informes de las actividades de las UPGP que pueden consultarse en la colección de la revista Claridad, muestran que esta se subdividía en cuatro áreas. Por un lado, había clases formales de materias desarrolladas en base a un programa de estudios (ciencias naturales, matemáticas, geografía, historia); por otra parte, había capacitaciones técnicas (telegrafía, práctica industrial, primeros auxilios); otra área instructiva tenía que ver con la mejora de la calidad de vida (gimnasia y deportes, propaganda contra el alcoholismo, la drogadicción y la promiscuidad sexual, cuidado ambiental, salud familiar); y finalmente había un conjunto de actividades artísticas, conferencias y debates. Esta última sección es la que ayudaba a crear nuevos consensos –por ejemplo, la condena a los partidos políticos tradicionales– que cerraban el paso a las corrientes ideológicas conservadoras y fomentaban una ética distinta –laica, solidaria y contestataria– a nivel popular.
Originalmente se pensó que las clases formales serían más concurridas que las conferencias, pero fue todo lo contrario. Una conferencia de Haya de la Torre del 25 de abril de 1923 en la Federación de Choferes, titulada “Nuestra obra social y la formación de la conciencia de clase”, tuvo un rotundo éxito. Y la conferencia “La revolución rusa” ofrecida por Mariátegui como parte del ciclo “Historia de la crisis mundial” en el local de la Federación de Estudiantes, fue de las más concurridas.
En Vitarte, la adopción de la “Fiesta de la Planta” (con siembra y bautizo de árboles) como fiesta de fin del año de estudios de la UP y como sustituto de las celebraciones tradicionales de navidad y año nuevo, fue acogida con gran entusiasmo por las familias obreras. Además de tener viejas connotaciones libertarias (no sólo anarquistas sino incluso de los tiempos de la revolución francesa), empalmaba con la nostalgia de muchos provincianos por sus fiestas rurales. Obreros y estudiantes de todas las UPGP de Lima acudían a Vitarte para esta fiesta.
La acción práctica de las UPGP anunciaba un derrotero revolucionario audaz y sin dogmas. Los discursos y artículos de Haya de la Torre de esos días están llenos de ideas audaces. Esto es lo que dijo en un discurso ante los estudiantes de Montevideo en marzo de 1922: “Las universidades populares que hemos erigido son el ensayo de la futura universidad social, frente a los enfermizos institutos actuales que crean castas de sabios y oligarquías de burócratas”.
El folleto de 1923 Dos cartas de Haya de la Torre incluye audaces párrafos de reafirmación en los ideales revolucionarios contrarios a todo dogma que caracterizó a las UPGP. Escribe allí, por ejemplo, en julio de 1923: “Orgánicamente repugno de los políticos. Creo que todos, con excepciones rarísimas, han contribuido a precipitarnos en la deplorable situación en que vivimos después de cien años de fracasos, con un pueblo explotado y analfabeto, con una raza indígena esclava”. Pero no se trata de un huir de la política –como el anarcosindicalismo– sino, por el contrario, una forma distinta de ejercerla: “La revolución de la que fue un apóstol admirable González Prada, será la grande y total revolución principista que conquistará a costa de sangre y de dolores, de gallardías y de heroísmos, un alto ideal social, sin mácula de falsía ni dobleces de interés. Y esa revolución integral [...] deberá ser precedida de una intensa agitación de conciencias, de un perenne flamear de luces nuevas”.
Por ser el germen de todo un estilo de vida, la actividad de las UPGP sufrió restricciones de las autoridades, condenas del clero y de la intelectualidad tradicionalista y, finalmente, medidas represivas directas. Felipe Cossio del Pomar, uno de los biógrafos de Haya de la Torre, consigna que hubo un atentado contra la vida del rector de la UPGP el 2 de febrero de 1923, durante la instalación de la Universidad Popular en el Callao.

 

El 23 de mayo de 1923

La nueva generación de obreros y estudiantes tuvo su prueba de fuego en la gran movilización de rechazo a la consagración de la nación al Corazón de Jesús del 23 de mayo de 1923. Para un amplio sector de la ciudadanía significaba un retroceso en cuanto a la libertad de cultos legalizada en 1915 y una de las maniobras puestas en marcha por el presidente Leguía para prolongar ilegalmente su poder. Las UPGP se pusieron de este modo, a la cabeza de un sentimiento popular muy amplio. El manifiesto de convocatoria de las UPGP al acto de protesta, escrito por Haya de la Torre, se dirigió con gran elocuencia a un amplio movimiento social. Allí quedó claro el sesgo político –en el amplio sentido de la palabra– de la labor cultural de las UPGP. La convocatoria consistía en “hacer un llamamiento especial a las clases obreras, a los intelectuales, a los periodistas, a los estudiantes, para que secundando la propaganda por el frente único pidan la adhesión de todos los ciudadanos libres del Perú en favor de la separación del iglesia y el Estado y laicización de la instrucción pública”. Allí se indica, asimismo, “declarar que en nombre de los derechos invocados, no cabe en esta campaña la intervención de partidismo político alguno”. Esta unión de “todos los ciudadanos libres” fue el adelanto práctico de lo que Haya llamó –reverdeciendo un viejísimo lema anarquista– el “frente único de trabajadores manuales e intelectuales”.
Como bien sabemos, la protesta fue multitudinaria y conllevó un duro enfrentamiento de los manifestantes con las fuerzas del orden, que finalmente obligó al gobierno a suspender el acto político-religioso anunciado. Haya de la Torre descolló como un hábil caudillo de grandes multitudes el día de la movilización y también el día 24, cuando condujo la procesión fúnebre de dos manifestantes muertos en la víspera por la guardia de asalto: Salomón Ponce (obrero) y Manuel Alarcón Vidalón (estudiante).  Se conservan fotografías de Haya arengando a la vasta multitud que acompaña los féretros con sólo una breve frase: “¡El quinto no matar! ¡El quinto no matar!”
La acción del 23 de mayo de 1923 fue el primer acto de protesta efectivamente multitudinario convocado por una organización sindical o estudiantil y la primera gran movilización popular cuyo motivo no fue salarial ni de condiciones de trabajo. Obreros y estudiantes actuaron como una fuerza unida, cayendo por tierra los prejuicios del grupo La Protesta contra el movimiento universitario en particular y contra las clases medias en general.
La intervención protagónica de Haya en esta célebre motivó una tenaz persecución gubernamental. Desde la clandestinidad publicó el folleto Dos cartas de Haya de la Torre. Finalmente fue detenido y deportado. Camino al destierro en octubre de ese año, Haya de la Torre reafirmó su “credo renovador e idealista, ajeno y muy lejos de la podredumbre política nacional”, representando “una bandera de juventud” y una “precursora revolución de los espíritus”.28    

Lecciones del 1º de mayo de 1924

En un plano más intelectual pero no menos significativo, debemos prestar atención al artículo central de El Obrero Textil del Día Internacional de los Trabajadores, del 1º de mayo de 1924. Tras la severa represión gubernamental que intentó desarticular a la Federación Obrera de Lima y a las UPGP, ocurre un momento de reflexión expresamente relacionado con la experiencia unitaria que la universidad popular hizo surgir. Lo firma José Carlos Mariátegui. Su simple publicación señala el final de la influencia anarcosindicalista, la afirmación de un vínculo creativo entre intelectuales y obreros, y el surgimiento de un liderazgo basado en un pensamiento audaz y renovador, lejano todavía –en el caso de Mariátegui– de los dogmas del comunismo oficial.
A diferencia de los textos impersonales o firmados con seudónimo que son comunes en la literatura sindical y política de la época, aquí el autor da la cara con su propio nombre y expone tanto sus ideas como sus impresiones personales. Leamos: “Mi actitud, desde mi incorporación en esta vanguardia, ha sido siempre la de un fautor convencido, la de un propagandista fervoroso del frente único. (…) Respondiendo a los primeros gestos de resistencia y de aprensión de algunos antiguos y hieráticos libertarios, más preocupados de la rigidez del dogma que de la eficacia y la fecundidad de la acción, dije entonces desde la tribuna de la Universidad Popular: ‘Somos todavía muy pocos para dividirnos. No hagamos cuestión de etiquetas ni de títulos’.  (…)  Tenemos que emprender juntos muchas largas jornadas. Nos toca, por ejemplo, suscitar en la mayoría del proletariado peruano, conciencia de clase y sentimiento de clase. (…) El frente único no anula la personalidad, no anula la filiación de ninguno de los que la componen. No significa  confusión ni la amalgama de todas las doctrinas en una doctrina única. Es una acción contingente, concreta, práctica. (…)  El frente único proletario, por fortuna, es entre nosotros una decisión y un anhelo evidente del proletariado. Las masas reclaman la unidad. Las masas quieren fe. Y, por eso, su alma rechaza la voz corrosiva, disolvente y pesimista de los que niegan y de los que dudan, y busca la voz optimista, cordial juvenil y fecunda de los que afirman y los que creen”.
Estamos lejos del dogma del “partido dirigente” comunista y de los ultimátums marxistas-leninistas. Incluso estamos frente a una trasgresión del dogma marxista sobre la “conciencia de clase”. Esta última surgirá, según Mariátegui, de la acción del frente único de los trabajadores y no del mensaje ideológico del Partido Comunista. El gran frente social o “frente único de trabajadores manuales e intelectuales” de Haya de la Torre y el “frente único obrero” de Mariátegui fueron ideas acertadas, compatibles y valiosas para el desarrollo del movimiento social de esos días. Y nacieron de la experiencia de la universidad popular.
Por eso es que, ver que a este acto asistan obreros, yo estoy seguro que esa hubiera sido la más grande satisfacción que hubiese tenido el maestro Víctor Raúl Haya de la Torre. Su gran obra juvenil fue dar forma a las Universidades Populares como un instrumento del frente único de trabajadores manuales e intelectuales a escala continental. La Universidades Populares unían a estudiantes y trabajadores pero también unían a los pueblos del continente.
Por eso es que, ver que a este acto asistan obreros, yo estoy seguro que esa hubiera sido la más grande satisfacción que hubiese tenido el maestro Víctor Raúl Haya de la Torre. Su gran obra juvenil fue dar forma a las Universidades Populares como un instrumento del frente único de trabajadores manuales e intelectuales a escala continental. La Universidades Populares unían a estudiantes y trabajadores pero también unían a los pueblos del continente.

Otras Universidades Populares en América Latina

Como presidente de la Federación de Estudiantes del Perú, Haya de la Torre libró una tenaz labor de impulso y coordinación de distintas iniciativas a favor de la creación de otras Universidades Populares. El ejemplo de los obreros de Vitarte, el prestigio de la revista obrera-estudiantil Claridad y el impacto internacional de la gesta del 23 de mayo de 1923, hicieron de las UPGP un modelo a seguir. Al momento de la famosa ceremonia de la entrega de la bandera indoamericana en México, el 7 de mayo de 1924, que se recuerda como el acto de fundación del APRA, ya existían en casi toda América Latina, Universidades Populares que seguían el ejemplo, la metodología y el tipo de vínculo con el movimiento obrero que desarrollaron las Universidades Populares “González Prada”.

En México se llamó la Universidad Obrera; en Argentina se llamó la Universidad Obrera también; en Bolivia, donde Haya estuvo en 1921, se llamó la Universidad Popular “Tupaj Katary” (héroe indígena émulo de Túpac Amaru II); en Uruguay donde su prresencia también dejó honda huella en 1921, se organizó la Universidad Popular del Trabajo; en El Salvador tuvimos la Universidad Popular de Ahuachapan; en Chile, Haya de la Torre colaboró con la Universidad Popular “Victoriano Lastarria y Valentin Letelier”; en el Brasil donde no llegó en forma personal pero sí su mensaje, se fundó un “Movimiento de Educación por la Concientizacion” y en Cuba, apenas exiliado en octubre de 1923, Víctor Raúl fue testigo presencial de la fundación de la Universidad Popular “José Martí”.

Todos estos movimientos reconocían a Víctor Raúl Haya de la Torre como su inspirador.

¿Rehacer las Universidades Populares?

No es un error querer rehacer el vínculo de solidaridad entre el pueblo trabajador y los estudiantes que representó la UP. Sí sería un error querer calcarlo y repetirlo. Estas son algunas ideas que deberían tomarse en cuenta.

Ya no es posible hacer una UP apartidista y químicamente pura desde el punto de vista ideológico. En los años 1920 la población obrera vivía una profunda falta de cultura política, que imponía “organizar y proveer” esa falta de información, incluso elemental, sobre qué es una elección y cuáles son sus derechos. Los medios de comunicación y el desarrollo de diversos partidos políticos en la población trabajadora –tanto de “izquierda” como de “derecha” y de “centro”– han ayudado a formar un escenario en el cual hay distintos grados de información e incluso de adhesión y simpatía política. Por consiguiente, a la antigua bandera de la unidad obrera sin distingos de raza o creencias, hay que añadir la unidad sin distingos de ideario político. Una futura UP no podrá excluir a ningún grupo político ni evadir el contacto con los políticos profesionales (congresistas, alcaldes) y las instituciones que los agrupan. Será el colectivo de la UP, no su estatuto, quien excluya por incompatibilidad a alguna corriente o grupo. Como ejemplo de lo que no se debe hacer, mencionemos de paso que, hace algunos años, el Partido Aprista fundó de puertas para adentro una “Universidad Popular González Prada” que, por supuesto, no pasó de ser un cenáculo proselitista. También hubo por allí algún intento de organizar una UP “mariateguista” con el mismo inicuo resultado.
Ya no es posible hacer una UP exclusivamente de obreros. El obrerismo de 1920 –ingrediente característico de las doctrinas socialistas de entonces (anarquistas, laboristas, socialdemócratas, comunistas)– reflejaba un concepto del obrero varón como jefe y sustento de la familia obrera. Pocos años después, este obrero varón logró tener –lucha de clases de por medio– estabilidad laboral, sindicato, pensión de jubilación y sueldo vacacional. Desde 1990, la debacle del sistema comunista, la crisis del sindicalismo y el cooperativismo, así como el dominio mundial de las doctrinas económicas neoliberales –lucha de clases de por medio– han cambiado por completo este panorama en todo el planeta. Hoy en día, en la familia obrera típica trabajan por igual padre, madre e hijos y todos suelen ser trabajadores precarios, que alternan la práctica de diversos oficios con la posesión de pequeños negocios. Una nueva UP debe considerar la presencia de varones y mujeres de distintas generaciones y de diferentes actividades profesionales, incluyendo el pequeño comercio.
Ya no es posible contar con un líder providencial, talentoso, desinteresado y entregado por completo a la tarea educativa popular. Si para elegir un líder establecemos una medida de calidad humana demasiado alta, perdemos la perspectiva. En el aprismo sólo hubo un Haya de la Torre, del mismo modo que, salvando las distancias, en las guerrillas comunistas sólo hubo un Che Guevara (los demás fueron simples criminales). Exijamos líderes eficientes y honestos pero “normales” y a lo mejor surgirá un héroe de vez en cuando. Además, Haya de la Torre concentró todas las decisiones de la UP en sus manos porque se ganó a pulso la confianza de obreros y estudiantes. Fijar estatutariamente un cargo estilo “compañero Jefe” sería perjudicial. Se requieren equipos de gestión donde primen calidades profesionales. Tengamos cuidado con los demagogos y los políticos megalómanos. Como enseñó Haya de la Torre en 1932, esos son los que en forma más fácil llegan a ser presidentes de la República.
Ya no es posible hacer un sucedáneo de la educación formal e instructivista de la primera UP. El punto de partida de la antigua UP era la existencia de una honda brecha entre la universidad y el pueblo. Los líderes obreros y estudiantiles enseñaban a sus seguidores que esa brecha era una muestra de la injusticia social. Pero la tarea básica a realizar era cubrir esa brecha aportando a los obreros los conocimientos más elementales y diversos. Hoy en día, muchos de los “cursos” de la antigua UP están al alcance de la población trabajadora desde academias privadas o colegios comunes y corrientes. Algunas iglesias también dan cursos similares gratuitamente. Subsiste un considerable analfabetismo y elevado porcentaje de deserción escolar, pero esto no equivale a ignorancia. ¿Cuál debe ser el punto de partida de una nueva UP? Obviamente, no es fundar una universidad de bajo costo para proveer títulos profesionales. El punto de partida, hoy como ayer, tiene que ser una gran inquietud generacional que movilice a los mejores elementos jóvenes de ambas partes, estudiantes y trabajadores, con una finalidad de expresión creativa en lo político y lo social. Y que esa inquietud se traduzca en un ideal altruista de democratización de conocimientos alternativos. Sin duda habrá un componente ideológico –¿quizás contra el individualismo y el privatismo que propagan la pax americana y la globalización?–; un componente cultural –¿quizás la defensa del medio ambiente, de la equidad de género, de los derechos sociales, de la identidad regional y étnica y de ciertos contenidos culturales tradicionales?–; y un componente técnico –¿romper el monopolio de ciertos conocimientos de computación, telefonía satelital y diseño de internet?
La idea esencial de la Universidad Popular deberá renacer bajo otras siglas y con otras alusiones simbólicas, porque pertenece a una nueva generación, distante en el espacio y en el tiempo. Requiere asimismo cierto impulso telúrico, cierto contexto de radicalidad que dinamice inquietudes y anhelos de justicia. Sea cual sea la forma en que resurja, sin duda, en su raíz, estará vigente el vínculo con las viejas banderas de las grandes revoluciones: “libertad, igualdad y fraternidad”; “la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos” y “de cada cual según su trabajo, a cada cual según su necesidad”; que son y serán siempre banderas de juventud.

Anexo: Breve cronología

1918
12 de agosto: En Lima, como delegado del Centro Universitario de Trujillo ante la Federación de Estudiantes del Perú, Víctor Raúl Haya de la Torre presentó una moción pidiendo la creación de la Universidad Popular. Luego de un debate de varios días –que incluyó el intercambio de notas polémicas entre Haya y Javier Correa en el diario La Prensa–, la propuesta final fue “enviada a comisiones”. Años antes, Haya de la Torre había presentado, con el mismo resultado, una moción similar al Centro Universitario de Trujillo, como consta en el diario La Reforma del 17 de noviembre de 1915.

1919
15 de enero: Se promulga el decreto que establece la obligatoriedad de la jornada laboral de ocho horas y del arbitraje de conflictos por el estado. El presidente Pardo lo anuncia públicamente en la plaza de armas ante una gran manifestación obrera. Triunfa de este modo la huelga iniciada por los obreros textiles el 23 de diciembre de 1918 y convertida en huelga general de obreros, artesanos y transportistas en Lima y Callao desde el 13 de enero. Cumplió una labor destacada, brindando apoyo a la huelga y mediando ante las autoridades, una delegación de la Federación de Estudiantes del Perú, cuyo integrante más dinámico fue Víctor Raúl Haya de la Torre. Al día siguiente, 16 de enero, Haya de la Torre tuvo un lugar en honor en el acto fundacional de la Federación de Trabajadores en Tejidos del Perú.
13 de abril: Se constituye el Comité Pro-Abaratamiento de los Subsistencias, que conduce diversas acciones de protesta que concluirán en la persecución, detención y deportación de los más notables líderes anarcosindicalistas.
6 de junio: Aparece en el diario El Comercio el artículo de Haya de la Torre (única vez que publicará en este diario) “La cultura popular como misión de juventud”, donde aboga por la universidad popular.
1 de julio: Se inicia en la facultad de Letras de San Marcos la lucha por la reforma universitaria. La lideran Manuel Seoane, Raúl Porras, Jorge Guillermo Leguía, Abelardo Solís, Luis Alberto Sánchez y Jorge Basadre. Con el apoyo de la directiva de la Federación estudiantil –uno de sus integrantes es Haya de la Torre– el 11 de agosto los estudiantes logran que el rector y el Consejo Universitario accedan a sus principales demandas.
8 de julio: Se funda la Federación Obrera Regional de Lima (FORP), cuyos líderes más jóvenes serán activos participantes en la universidad popular.
6 de octubre: Haya de la Torre es elegido presidente de la Federación de Estudiantes del Perú (FEP). Su primera gestión es lograr la dación de la Ley 4002 o Ley Universitaria, que recoge las principales demandas del estudiantado reformista. La segunda es convocar al Primer Congreso de la FEP, que tendrá en su agenda la creación de la Universidad Popular.

1920
20 de marzo: Se acuerda la creación de las Universidades Populares en el Primer Congreso de la FEP, realizado en el Cuzco. El anuncio fue saludado por la FORP.

1921
22 de enero: Inauguración de las Universidades Populares en el local de la FEP en el Palacio de la Exposición de Lima, con Haya de la Torre como rector.
2 de febrero: Se constituye la filial de la Universidad Popular del barrio obrero de Vitarte.
25 de diciembre: Primera “Fiesta de la Planta” de la Universidad Popular de Vitarte.

1922
22 de julio: Las UP adoptan el nombre “González Prada” en acto simbólico con presencia de la viuda del escritor, Adriana de Verneuil de GP. Se constituyen UPGP en Lima, Vitarte, Barranco, Trujillo, Salaverry, Arequipa y Cuzco.

1923
2 de febrero: Ocurre un frustrado atentado contra la vida de Haya de la Torre durante el acto de fundación de la Universidad Popular en el Callao.
15 de mayo: Aparece el primer número de Claridad, “órgano de la juventud libre del Perú”, dirigida por Haya de la Torre, publicación vinculada a las UPGP.
23 de mayo: Las UPGP convocan a una protesta multitudinaria contra la Consagración de la Nación al Corazón de Jesús. Mueren en la calle Huérfanos (jirón Azángaro), en el centro de Lima, Salomón Ponce (obrero) y Manuel Alarcón Vidalón (estudiante).
17 de junio: José Carlos Mariátegui inicia en el local del centro de Lima de la UPGP, su ciclo de conferencias “La historia de la crisis mundial”.
3 de octubre: Luego de cuatro meses de clandestinidad, Haya de la Torre es capturado y poco después deportado. El ejército ocupa Vitarte. Las actividades sindicales y de la UPGP son severamente reprimidas. José Carlos Mariátegui asume la dirección interina de Claridad. El estudiante Óscar Herrera asume el cargote rector interino de las UPGP.
6 de octubre: La fuerza armada disuelve violentamente una protesta obrera en Vitarte. Caen abaleados los obreros Moisés Calderón y Santos Lévano.
3 de noviembre: Haya de la Torre ocupa un lugar de honor al lado del presidente de la Federación de Estudiantes de Cuba, Julio Antonio Mella, en la ceremonia de fundación de la Universidad Popular “José Martí”, eco explícito de la experiencia peruana.
30 de diciembre: La “Fiesta de la Planta” se realiza en tres jornadas (día 30 plantación, día 31 campeonato atlético; día 1º de enero de 1924 juegos deportivos organizados por la YMCA). La ceremonia inaugural es dedicada a Haya de la Torre. Participa como orador principal Manuel Seoane.

1924
25 de marzo: La UPGP de Lima reinicia sus labores usando como locales rotativos las sedes sindicales de Motoristas y Conductores (calle de Espalda de Santa Clara), Curtidores (calle de Minas) y Choferes (calle de Cotabambas).
6 de abril: Se constituye el Comité Organizador de la Sociedad Editorial Obrera “Claridad”, donde participan José Carlos Mariátegui, Óscar Herrera, el líder obrero Manuel Pedraza, Luis Bustamante, Luciano Castillo, Eudocio Ravines y otros integrantes de las UPGP.
1 de mayo: Mariátegui publica en El Obrero Textil (año 5, Nº 59, Lima) el artículo “El 1 de mayo y el frente único proletario”, punto de partida de una nueva actitud en el medio sindical.
1 de julio: Fuerte ola represiva del gobierno en respuesta a que las UPGP respaldan las protestas de obreros y estudiantes contra la derogatoria de la Ley de Accidentes de Trabajo. Manuel Seoane es detenido 15 días en San Lorenzo y luego deportado a Chile. Se clausuran las UPGP de Trujillo, Salaverry, Arequipa y Cuzco. En los días siguientes son deportados algunos de los profesores de las UPGP detenidos en San Lorenzo: Jacobo Hurwitz, David Tejada, Nicolás Terreros, Julio Lecaros, Luis Bustamante, Eudocio Ravines  y Esteban Pavletich. Igualmente Alberto Delgado (UPGP del Cuzco). Luciano Castillo asume el cargo de rector de las UPGP.

1927
22 de enero: Se publica el Boletín Nº 1 de las UPGP (Lima, Vitarte, Barranco, Trujillo, Salaverry, Arequipa y Cuzco) conmemorando su sexto año de fundación. Allí se incluye un Estatuto y Reglamento de las UPGP que no se hizo efectivo.

1929
1 de enero: La periodista socialista y feminista Ángela Ramos preside la “Fiesta de la Planta” en Vitarte acompañada de José Carlos Mariátegui. Se rinde homenaje a los presos y deportados que fueron integrantes de las UPGP.

El Obrero Textil. Año 1. Nº 1. Publicación quincenal. Lima, sábado 22 de noviembre de 1919; p. 4.

PORTOCARRERO, Julio: Sindicalismo peruano. Primera etapa 1911-1930. Prólogo de Alberto Flores Galindo. Editorial Gráfica Labor, Lima, 1987; p. 87.

Al anarquista también se le solía llamar “libertario”, por ser enemigo de toda dictadura, incluso revolucionaria; y “ácrata”, por ser hostil a toda cracia o forma de poder.

LICHTHEIM, George: Breve historia del socialismo. Alianza Editorial, Madrid, 1970, p. 293.

MARTÍNEZ DE LA TORRE, Ricardo: Apuntes para una interpretación marxista de historia social del Perú 1919-1946. Emp. Editora Peruana, Lima, 1949, tomo I, p. 412.

PORTOCARRERO, Julio: Ibid.; p. 83.

La Protesta, segunda quincena de febrero de 1920, Año VIII, Nº 86, p. 2.

DEL MAZO, Gabriel: La reforma universitaria. Tomo I. El movimiento argentino. UNMSM. Lima, 1967; pp. 1 a 5. Texto completo del Manifiesto publicado en Córdoba el 21 de junio de 1918.

MURILLO. Percy: Historia del APRA 1919-1945, Lima, 1976, p 39.

Revista Claridad, Lima Año 1, Nº 1, mayo de 1923; p. 9

HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl: Dos cartas. Lima, 1923, p. 18. Carta del 12 de julio de 1923.

HAYA DE LA TORRE, Víctor Raúl: Ibid; p. 23. Carta del 29 de abril de 1923.

COSSIO DEL POMAR, Felipe: Víctor Raúl. Biografía de Haya de la Torre. Primera parte. Editorial Cultura. México DF,  1961; p. 178-179.

Ver facsímil de los comunicados en PORTOCARRERO, Julio: Ibid.; p. 110.

La expresión “credo renovador e idealista” del mensaje original (ver revista Claridad Nº 4 primera quincena de enero de 1923, p 3), fue reemplazada por “credo revolucionario” en la compilación Por la emancipación de América Latina (Buenos Aires, 1927; p. 21). El texto modificado es el que figura en las Obras completas de Haya de la Torre (Lima, 1976-1977).

MARIÁTEGUI, José Carlos: “El 1º de mayo y el Frente único”, en El Obrero Textil, Año 5, Nº 59, Lima, 1 de mayo de 1924.

 
     
     
     
     
     
     
     
     
   

 

 

 
 
 
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