Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"
Centro de Investigaciones Políticas, Sociales y Económicas

 
   
 
 
 

Familia Aprista, 22 de Abril del 2010

¿CALUMNIA O CRISIS MORAL E INSTITUCIONAL?

 
 


 
 

Tal vez nunca antes en la historia del partido se habían producido escándalos de semejante magnitud cuyos tentáculos ahorcan y estrangulan el antes intachable nombre del partido de la estrella, colocando en el ojo del volcán el actuar de nuestros líderes más visibles, cuestionando su ambición de poder y aquel aborrecible apego al dinero antes sello de los civilistas o de la derecha y hoy sello de los políticos de todas las tiendas. Nunca antes el viejo lema aprista: “a más calumnia, más aprismo” tuvo más fuerza, ni resonó con tanto dolor en nuestras conciencias. Porque mas allá de la verdad o falsedad de las acusaciones que se lanzan en contra de nuestro actual Secretario General; Más allá de la persona o personas involucradas. El hecho de ver nuestra institución partidaria bajo el escrutinio de la opinión pública nos produce una profunda crisis de identidad y un cuestionamiento de cuán bien o mal estamos reflejando a Haya de la Torre. ¿Será cierto que algunos de nuestros dirigentes que hoy ocupan altos cargos en el gobierno ya no se interesan en investigar, leer, ni difundir lo que es la moral aprista?; ¿Será que como partido-escuela hemos fracasado formando nuevas generaciones de dirigentes políticos, pero descuidando por completo el aspecto moral del Aprismo que en otros tiempos justificó su gloria y su “creciente autoridad moral sobre las masas ciudadanas de país”? (Cartas de Haya de la Torre a los Prisioneros Apristas, p.45)

En tiempos de persecución y clandestinidad; en tiempos de cárcel y agonía era tal vez más fácil que ahora abrazar la humildad, comulgar con la pobreza, indignarse ante cualquier tipo de conducta que pudiera revelar algún resquicio de ambición o de aprovechamiento. Allá en la Magdalena de principios de los años 60 hubo una vez un regidor aprista, todavía estudiante (en aquella época el cargo de regidor, era un cargo no remunerado) que defendió a una mujer del pueblo en sus derechos. La defendió tan bien ante la administración que la mujer agradecida quiso averiguar a dónde vivía dicho regidor aprista. Se presentó al día siguiente en la casa del regidor aprista cargada de una enorme canasta llena de frutas y víveres. Los hermanos menores del regidor cuentan que este fiel discípulo de Haya de la Torre se negó a recibir la canasta traída por aquella mujer. Ellos le preguntaron, ¿por qué? El contestó simplemente: “va en contra de la moral aprista”
                                                 
Corre el año 2010 y de dichas historias que todos guardamos con recelo deben existir por lo menos una  decena en el seno de cada familia aprista. ¿Cuál es la hoja de vida que exige el PAP antes de inscribir a un futuro candidato, antes siquiera que éste sea votado?; ¿se imparten seminarios de formación ético-moral  aprista para los aspirantes a los diferentes cargos políticos?; ¿Cuántos son los dirigentes nacionales, departamentales y distritales que dedican su tiempo libre a dar charlas acerca de la moral aprista en los diferentes locales del partido?; ¿Cuántas horas de trabajo voluntario, es decir de trabajo no remunerado dedican los compañeros parlamentarios, secretarios generales o de cualquier otro cargo por pequeño que sea al trabajo vital de formar ideológicamente, no solo a los cuadros y futuros líderes del partido, sino también al militante obrero adulto, al militante estudiante , al militante profesional y a la militante mujer?; ¿Por qué no se han reactivado las universidades populares González Prada, ahora que los funcionarios de nuestro partido cuentan con más recursos y ayuda del gobierno que antes?

 

La pérdida de la mística aprista
Haya de la Torre falleció un 2 de agosto de 1979 sin dejar testamento político, ni haber nombrado heredero. Algunos compañeros se aferran todavía a la creencia que era el deseo del Jefe que lo sucediera el c Alan García, hoy en día nuestro Presidente. Sin embargo ya es tiempo que investiguen y comprendan que aquello fue un mito inventado por su comité de campaña de 1985. Formaron aquella última generación de jóvenes que frecuentaban los días domingos al “Viejo” y recibían sus enseñanzas el c Fernando Arias Vera, la c Hilda Urizar, el c Felipe Soller, el c Luis Alberto Salgado, el c Carlos Roca, el c Alan García y un puñado de compañeros más donde jamás existió favoritos.

Si hubo dentro del partido un heredero nombrado por el Jefe, ese fue Manuel Arévalo y después de él nadie más. Las riendas de la Casa del Pueblo, también casa-escuela y casa del servicio social las tomó en un primer tiempo el grupo que triunfó en el Congreso partidario de 1980 y que lanzó a la presidencia al
c Armando Villanueva del Campo. Fue la misma facción o corriente la que más tarde lanzaría a la presidencia al delfín del c Armando, al entonces joven c Alan García Pérez por quien votamos todos los apristas en 1985 y nuevamente en el año 2006. El c García Pérez sufrió una terrible persecución política de parte del gobierno fujimorista al término de su primer gobierno. Nuestro partido fue atacado y la tiranía fujimorista intentó aniquilarlo sin éxito durante casi un oncenio. Todos estos elementos en contra fueron manejados con indiscutible inteligencia y liderazgo por el c Alan García desde el exilio con la ayuda corajuda y leal del c Jorge del Castillo. Es bueno recordar estos hechos en momentos en que una parte de la militancia aprista reclama cada vez con más fuerza un cambio de dirección y un cambio de liderazgos. En efecto, ha pasado un cuarto de siglo y el partido no cuenta con un Secretario General que no sea del entorno del  c García Pérez quien pronto llegará al término de su segundo gobierno. El
c Omar Quezada se perfila ahora como el sucesor, tercero en su dinastía y segundo en representar la etapa del “cambio responsable” del APRA iniciada por García Pérez. Este “cambio responsable” es visto como muchos como una derechización del partido, una renuncia al tercer punto de nuestro programa máximo que dice: “por la nacionalización de tierras e industrias”. Ciertamente sin así desearlo, ni preverlo, el compañero Presidente en su deseo de “modernizar” al Aprismo ha dividido ideológicamente a la militancia aprista más o menos ilustrada y las consecuencias no pueden detenerse mediante expulsiones, ni apelando a la disciplina partidaria.

La dirigencia del partido reclama unidad y que la expresión de nuestros debates se limite al ámbito estrictamente partidario, sin embargo las comunicaciones a través del Internet convierten ese anhelo en un objetivo bastante difícil. Ideológicamente se perfilan dos corrientes y exigir la unificación de ambas se convierte en una tarea cada vez más difícil cuando no hay congresos ideológicos, ni tampoco se tocan temas doctrinarios durante eventos tan importantes como el Congreso Nacional partidario. Por un lado están los apristas conservadores,  fieles a Haya de la Torre y que no están dispuestos a aceptar ninguna modificación, ni cambio en la filosofía, doctrina y orientación de centro izquierda del partido. Y del otro lado los compañeros del entorno del compañero Presidente quienes no se interesan tanto por los aspectos teóricos y doctrinarios, como por los resultados más inmediatos y prácticos. A la luz de este último Congreso Nacional, número XXIII, observamos la aparición de una refrescante corriente al interior del partido que si bien no alcanzó la Secretaria General fue porque no se le dio la oportunidad de presentar su propia lista y de votar por su propio candidato dentro de una elección justa, secreta y democrática. Pero los delegados de este congreso no tuvieron otra alternativa que votar a mano alzada y por lista única. Dicha corriente renovadora y esperanzadora que representa al APRA auroral, al APRA más inclinada hacia los valores pedagógicos y doctrinarios va sembrando nuevas esperanzas a lo largo y ancho de nuestro territorio nacional. Nos referimos claramente a la corriente de auténtica renovación representada por el c Luis Alberto Salgado Tantte, discípulo directo de Víctor Raúl Haya de la Torre, de Andrés Townsend Ezcurra, de Ramiro Prialé y de todos los “hermanos mayores” como él fraternal y cálidamente los llama. Apelar a la unidad y al mismo tiempo aferrarse a la creencia que los futuros liderazgos del partido tengan necesariamente que provenir del entorno del c García Pérez o del entorno del c Del Castillo seria querer tapar el sol con un dedo.

La crisis por la cual está atravesando la institución propiamente dicha, es decir el Partido Aprista Peruano, no es una crisis que tenga nombre y apellido. No es una crisis coyuntural, ni pasajera, ni de causas, ni motivos externos. Los medios de comunicación y la misma opinión pública reconocen la crisis al interior de nuestro partido. Utilizan este escándalo como pretexto para abatirnos aún más, pero si esto no les funciona, el día de mañana encontrarán otro escándalo más para bajarle la moral a nuestros militantes y destruir nuestra fe en el Aprismo y en nuestra unidad. La enorme prueba moral para todos y cada uno de nosotros consiste en probarle a la opinión pública, al pueblo aprista y al mundo que el APRA ha vuelto nuevamente a sus orígenes y que defiende y reivindica ahora más que nunca a los pobres y a las clases oprimidas del Perú y del mundo. Tenemos dos caminos: morir lentamente a todos y cada uno de nuestros ideales o exigir la realización de un Congreso ideológico, unificador de las dos corrientes ahora existentes.

Fraternalmente,

Rocío Valencia Haya de la Torre
Columnista y fundadora de Familia Aprista
Los Ángeles, USA

 

 

 
 

 

 
     
     
 

 

 
     
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