Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"
Centro de Investigaciones Políticas, Sociales y Económicas

 
   
 
 
 


 
 

Por: Rocío Valencia H. *

29/04/2005
 
 

En tu lecho de dolor

Encontré extendidas tus alas

Manos blancas se habían llevado tu cuerpo inmóvil sin vida

Y abrazada a tu cama

Encontré intactas tus alas

Finas y transparentes como la fibra noble

Con la cual estaba tejido tu corazón de poeta

 

Ellas me hablaban de esa voz tierna y penetrante

Espada de cristal en medio de la noche

Repetían el eco de tus bromas pesadas, de tus adorables falacias

 

Astillas de hielo clavadas en la entraña

Recitaban dulces poemas

Mirada desahuciada de Adán perdida en la memoria del tiempo

Cantaban huaynos ayacuchanos, repetían el eco de discursos memorables

Dedo que es puro nervio y pura luz en lo alto acusando entuertos

 

 

Guardé tus alas con alegría en mi alma

Dulces libélulas revolotean entre las persianas

Volvieron a mi, recuerdos de mi infancia

Muñeca de canela haciendo mil muecas

Tú en tu silla, yo en tus rodillas

El dulce pondi-poró de aquella melodía que siempre nos cantabas

Una cuerda imaginaria tendida entre nuestras costillas

 

Y risas de niñas cantarinas simulando guitarras

La vida era entonces una gran cosquilla

 

Recordé tu juventud desterrada, tu lucha solidaria y valiente desde tu inolvidable Santiago

La fe en un ideal coronada por el martirio: es semilla fecunda para las nuevas generaciones

Recordé tu mirada a veces penetrante y condenadora, otras veces tierna y

misericorde. Siempre a punto de hablar y cautivar.

El corazón de los guerreros late a todo galope sin jamás detenerse, herido de muerte corre hasta alcanzar su última meta.

 

Tu verbo fue luz en la oscuridad

Tus denuncias flechas desgarradoras, certeras

Tribuno magistral de pluma encendida

El adversario vuelve para rendir homenaje al justo

La verdad fue siempre tu único credo

Tu conciencia tu única vara

No le teme a nada quien no le debe a la vida

 

Defensor infatigable de causas justas y nobles

Conciencias claras son cristales que nunca se rompen

¡Mueres pobre, como mueren los verdaderos poetas!

 

Te marchaste una madrugada de verano a la eternidad

Las campanas de tus voces ya no encandilan multitudes

La muerte nos separa indefinidamente

Solo queda de tu cuerpo un olor en tu almohada

 

La muerte te lleva hacia un lejano reino

¿Existe un lugar donde muertos y vivos conversan?

 

Yo sigo escuchando tu voz dentro de mi mente

Alma de recta intención jamás perece

Nos ata ese cordón de amor que Dios preserva de la muerte

¡Oh muerte que purificas y redimes!

Clavas tu aguijón salvaje en el centro del polvo

Queda entre nosotros la fe, la luz y la promesa

 

No eres nada, oh muerte engañosa

Te llevas el sobre de un espíritu inmortal

Que seguirá su curso hacia la vida verdadera

 

No nos despedimos de ti hoy en lágrimas

El brazo izquierdo en alto

Es nuestro saludo hasta la próxima batalla

El pañuelo blanco un homenaje a tu entrada en la gloria

Vuela alto poeta Valencia que la hora de la revolución se acerca

 
     
     
     
 
 
 

*Homenaje de Rocío Valencia a su padre, Alberto Valencia Cárdenas
Lima, 29 de abril del 2005

 
     
     
 

 

 
     
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