Esta noche el pueblo de los Estados Unidos ha elegido al primer Presidente africano-americano de su historia. Esta noche se hace realidad en medio de la profunda crisis ocasionada por dos guerras y por la peor crisis financiera del siglo, el increíble sueño americano de igualdad de oportunidades. Hijo de un audaz inmigrante proveniente de Kenya, Barack Obama Sr. (economista, fallecido en 1982) y de una no menos intrépida mujer nacida en el seno de una familia de clase media del estado de Kansas, Ann Dunham (socióloga, fallecida en 1995) el senador demócrata de 47 años, nacido en Honolulu, Hawaii en 1961 se convierte en el 44vo Presidente de los Estados Unidos. La madre del presidente electo de los Estados Unidos era una estudiante pobre cuando se casó con el padre del ahora Presidente. Luego de un corto matrimonio que duró dos años, Barack Obama Sr., padre del ahora presidente se traslada a Harvard donde había ganado una beca de estudios y la madre decide quedarse en Hawaii para continuar su carrera universitaria. Se traslada luego a Indonesia donde se casará por segunda vez y culminará estudios de doctorado. El joven Barrack vivirá al lado de sus abuelos maternos en Hawaii con el fin de culminar sus estudios de secundaria en un prominente colegio privado. Su familia materna lo ayudará a proseguir estudios universitarios de grado y de post-grado en ciencias políticas y derecho respectivamente, graduándose MAGNA CUM LAUDE (con grandes honores) de la prestigiosa universidad de Harvard en 1991.
"El cambio ha llegado a América" ha anunciado entre gritos ovación el 44vo Presidente de los Estados Unidos de América, significando que esta noche se renueva, con esta elección, la promesa que ofrece esta nación al mundo y a cada americano. "Nunca olvidaré a quien realmente pertenece esta victoria" porque esta victoria pertenece al pueblo y en especial a los jóvenes que creyeron y ofrecieron su fuerza y su tiempo, voluntaria y generosamente a lo largo y ancho de esta campaña. Obama señaló que todas las personas que comparten el credo de "un gobierno del pueblo, por el pueblo, y para el pueblo" son victoriosas en esta elección.
El presidente Obama criticó el viejo bi-partidismo y por eso anunció que no caería en la tentación de hacer "partidismo" dentro de su gobierno, que haría un gobierno con una medida de humildad y determinación de sanar las diferencias. A quienes no votaron por el les dijo: "Escucho sus voces, necesito la ayuda de ustedes y seré también su Presidente". La audiencia en Chicago lo observaba en éxtasis, inmutable e íntimamente conmovida. Obama continuaba: "Esto no puede ocurrir sin un espíritu de servicio y de sacrificio… convoquemos un NUEVO ESPIRITU DE PATRIOTISMO Y DE RESPONSABILIDAD" Responsabilidad de cada uno de nosotros. "Un nuevo amanecer para América" esta en camino.
El discurso de Obama era un discurso político de total contraste con el discurso republicano de los últimos siete años que a partir del 11 de setiembre del 2001, considera la defensa de los Estados Unidos como el aspecto más importante de todos del denominad patriotismo americano. Un patriotismo dogmático que no admite errores y que mide su eficacidad en la necesidad de ganar la guerra contra Irak y contra Afganistán, tarde el tiempo que tarde. Mientras en el plano interno se pone de manifiesto en la determinación legalista de cerrar cada vez más las fronteras y controlar cada vez más a los extranjeros, restringiendo derechos civiles fundamentales –como es el caso del derecho a la educación superior- a todos aquellos que no cuenten con documentos de inmigración que prueben su status legal.
Mientras la óptica republicana capitalizaba el miedo y centraba su atención, de esa manera, en el rol de Estados Unidos como un Estado de defensa militar, la óptica demócrata reflejada por el aún senador Obama centra su atención en la unidad de la nación y en la responsabilidad civil de cada individuo por hacer de ella una nación que respete los valores de la democracia, de la libertad, de la oportunidad y de la esperanza. El presidente electo, Barack Obama, cuyo nombre significa "bendecido" en lengua kenyana, transmitió en su discurso un espíritu de unidad entre todos los americanos, sin importar el sexo, el origen étnico o la afiliación partidaria.
Era el discurso de un hombre universal representando a Estados Unidos de América como a un pueblo unido, multicultural, multirracial, múltiple en todas las diferentes facetas de sus 380,000 habitantes, pero unido bajo un líder con grandes ideales, grandes cualidades y grandes ambiciones de justicia en el ámbito doméstico e internacional. Desde John F. Kennedy, los Estados Unidos no estrenaban un líder tan joven y lleno de esperanzas. "Nunca he tenido tantas esperanzas como esta noche de que lo conseguiremos. Yo les prometo que nosotros, como pueblo lo conseguiremos" decía el presidente electo de los Estados Unidos, mientras la gente coreaba al unísono, entre risas y lagrimas: "¡si podemos!, ¡si podemos!, ¡si podemos!"