La muerte de Huáscar en Andamarca

(breve obra teatral)

 
 

autor: Hugo Vallenas Málaga (historiador)
Obra dedicada con mucho cariño al pueblo de Andamarca

 
 
 
 

Ilustración del libro “Nueva Crónica y Buen Gobierno”, hecho por el cronista andamarquino Guaman Poma de Ayala hacia el año 1600. En la página 115 vemos esta imagen que dice “EL DOZENO INGA, TOPA CVCI GVALPA GVASCAR INGA” y debajo: “Acabó de rreynar, murió en Andamarca. / Quis Quis Ynga / Challco Chima Ynga / Andamarca / Comensó a rreynar y murió.” 

Quisquis y Challcochima son los generales de Atahualpa que conducen prisionero a Huáscar hacia Andamarca, en la tierra de los Rucanas.

 
 
INDICE

1. Los hechos que enmarcan esta obra:

2. Tema de la obra teatral 

La muerte de Huáscar en Andamarca
Parte1: El inca Huáscar llevado prisionero a Andamarca

Parte 2: Huáscar se entera de la prisión de Atahualpa 

Parte 3: La muerte del inca en Andamarca

 
 


1. Los hechos que enmarcan esta obra:

a. Una guerra entre hermanos 

Tras la muerte del inca Huayna Cápac, ocurrida en 1528, sus dos hijos mayores, Huáscar y Atahualpa, se enfrentaron en una guerra por el poder supremo del imperio. Huáscar desde el Cuzco, Atahualpa desde Quito (hoy Ecuador).  

Cuatro años después, la guerra ha debilitado enormemente a uno y otro bando. En todo el Tahuantinsuyo hay pobreza y sufrimiento. Finalmente, en octubre de 1532, el ejército quiteño de Atahualpa vence a las fuerzas cuzqueñas de Huáscar en la batalla de Chontacaxas, cerca de Huanucopampa (la actual ciudad de Huanuco).  

b. Huáscar vencido por un engaño 

En esa batalla, el general quiteño Challcochima  derribó y capturó a Huáscar. De inmediato se puso las ropas del príncipe vencido y simuló ir en su litera dorada a unirse con sus tropas. El engaño sorprendió al ejército cuzqueño, que fue fácilmente emboscado y vencido, no obstante ser más numeroso.

 Llevando con ellos a Huáscar prisionero, los generales atahualpistas, Quisquis y Challcochima, unieron sus tropas para tomar el Cuzco. Vencieron a los últimos combatientes defensores de Huáscar en Quepaipa, cerca de la capital imperial.  

Luego, llevaron al príncipe cautivo a Sacsayhuamán, para que vea desde allí la gran destrucción y muerte que las tropas quiteñas realizaban contra toda la nobleza cuzqueña del Hurin Cuzco, hasta el cuarto grado de parentesco con Huáscar. 

c. Saqueo e incendio del Cuzco 

Por orden de Atahualpa, fueron asesinados altos personajes de la nobleza cuzqueña con sus familias, se profanaron templos y acllahuasis y se destruyeron las huacas (momias) de los antiguos incas. Gran parte de la ciudad fue incendiada. Era un inmenso sacrilegio que ofendía a los dioses imperiales y sin duda sería la causa de grandes males. Curiosamente, muy pocos días después de este trágico saqueo del Cuzco, ocurrió la sorpresiva captura de Atahualpa a manos de los conquistadores españoles, el 16 de noviembre de 1532, en Cajamarca. 

d. Ocultar a Huáscar de los “viracochas” 

A comienzos de 1533, los generales de Atahualpa han tratado de negar que el inca esté cautivo en Cajamarca, pero la noticia se ha esparcido por todo el imperio. Los últimos defensores de Huáscar y la gente del pueblo creen que son emisarios del dios Viracocha los que han capturado al jefe quiteño. Y creen que esos hombres barbados pronto liberarán a Huáscar y le devolverán el poder imperial en el Cuzco.

 El general Cusi Yupanqui, primo hermano de Atahualpa, que se ha entrevistado en secreto con este último en Cajamarca disfrazado de yana o sirviente, asume el encargo de llevar a Huáscar a Andamarca, la ciudad de los rucanas, para tenerlo oculto y luego decidir qué hacer con él.

 e. Encuentro con los españoles 

Mientras tanto, el 15 de febrero de 1533, un grupo de españoles al mando de Pedro de Moguer, partió de Cajamarca rumbo al Cuzco para que exigir que se envíen tesoros para el pago del rescate de Atahualpa. Siguiendo el Cápac Ñan (Camino Real) que va por la sierra central, los españoles recorrieron Huamachuco y luego Jauja. 

En el camino hacia Abancay y Cuzco, los españoles se encontraron con Huáscar siendo llevado prisionero a Andamarca. Lo ven tan malherido y desgraciado que no pueden creer que sea el poderoso rival de Atahualpa. 

A su vez, Huáscar está decepcionado al comprobar que son hombres y no dioses como dice la gente. Los españoles dejan a Huáscar librado a su suerte, interesados solamente en el oro que creen hay en el Cuzco.

 f. Los últimos días de Huáscar 

Mientras Huáscar está cautivo en Andamarca, el pueblo se entera de que los “viracochas” son en verdad “hatun-suas” y “sungasapas”, son gente como todos pero con armas poderosas y cuyo propósito es robar y sojuzgar a todos los pueblos andinos.  

Se comenta que en cada pueblo en que han sido vistos los hombres barbudos han traído castigos y enfermedades. “Son como un veneno, una peste, un castigo de los dioses” afirma el sumo sacerdote del Korikancha, también prisionero, Challco Yupanqui.  

Los rucanas han estado indecisos sobre ayudar o no a Huáscar, pero las noticias sobre los “sungasapas” los han convencido de que el sacrificio es necesario porque mucho mal ha causado la guerra entre los incas en todo el imperio. 

Cusi Yupanqui, llega en abril de 1533 a Andamarca con la orden dada por Atahualpa de que muera Huáscar. Mueren con él el sumo sacerdote Challco Yupanqui, la coya Chucuy Huaypa, un hijo adolescente y la madre del príncipe, Aragua Occllo. Ejecuta la orden el jefe de los custodios, el general Rumi Ñahui.  

Luego Atahualpa es ejecutado por los conquistadores en Cajamarca el 26 de julio de 1533.

 
 

 

2. Tema de la obra teatral 

El tema de la obra abarca el encuentro de Huáscar con los españoles y los últimos días de su cautiverio en Andamarca. Los hechos representados deben combinarse con cantos y danzas.

 La obra tiene tres partes:

-El inca Huáscar llevado prisionero a Andamarca

-Huáscar se entera de la prisión de Atahualpa

-La muerte del inca en Andamarca 

Personajes:

  • El príncipe Huáscar
  • El sacerdote inca Challco Yupanqui
  • El general inca Challcochima
  • El general inca Quisquis
  • El general inca Rumi Ñahui
  • Oficial español Pedro de Moguer
  • El intérprete del oficial español
  • El curaca de los rucanas Titu Kallpa
  • La coya de Huáscar, Chucuy Huaypa
  • La madre de Huáscar, Aragua Ocllo
  • Un joven, hijo de Huáscar

 Además debe haber:

  • Soldados rucanas
  • Soldados incas
  • Soldados españoles
  • Gente del pueblo
 
 
 

 

La muerte de Huáscar en Andamarca

Parte 1
El inca Huáscar llevado prisionero a Andamarca

 Escenario: En un Camino Inca, muy cerca de Andamarca, un grupo de soldados incas conduce con brusquedad a unos prisioneros pobremente vestidos, atados de pies y manos. Los prisioneros son un hombre alto, una mujer de su edad, una mujer mayor, un mozo y un anciano.

 Una pieza musical sin cantantes ni danzantes acompaña este primer momento de la escena. Concluye la música.

 El jefe de los custodios, el general inca Challcochima, hombre de confianza de Atahualpa, se dirige a uno de los cautivos, el inca Huáscar.

 Challcochima: ¡Vamos, vamos! ¡A caminar! ¡Ya falta poco para llegar a Andamarca! ¿Dónde está esa gran fuerza que decías te daba el padre Sol, cápac Huáscar? (Riendo) Te veo cansado y sudoroso como cualquier hombre del pueblo.

 El inca Huáscar trata de ayudar a su colla Chucuy Huaypa, a su madre Aragua Ocllo, a su joven hijo y al anciano willac umu del Korikancha, Challco Yupanqui, quienes apenas pueden sostenerse en pie.

 Huáscar: Permite a mi familia descansar y beber un poco de agua, general Challcochima. ¡No tienes ningún derecho a tratarlos de esta manera! ¡Tu prisionero soy yo, no mi familia!

 El willac umu Challco Yupanqui: El padre Sol siempre nos enseñó a ser generoso con los débiles y los vencidos, general Challcochima. Así no se comporta un verdadero general inca.

 Challcochima: Sólo cumplo las órdenes que me ha dado mi gran señor el cápac inca Atahualpa. Y si esas órdenes incluyen azotarlos igual las cumpliré. ¡Basta de quejas! ¡A caminar!

 Otro jefe inca, el general Quisquis, se acerca a Challcochima.

 Quisquis: General Challcochima, detente un momento y permite que el dios Sol haga llorar de sed y queme las cabezas de estos señores cuzqueños. Debo averiguar por qué no regresa mi emisario acompañado del curaca de los rucanas de Andamarca.

 Chalcochima ordena detenerse al grupo de soldados y prisioneros.

 Challcochima: Que así sea, general Quisquis. Nunca he confiado en esos rucanas. Son gente rebelde. Siempre quieren defender su opinión y negociar las órdenes que se les impone. Hasta ahora no entienden que a un emperador inca se le obedece sin pensar, tenga la razón o no. Actuaremos con mano dura si no quieren colaborar en la custodia de estos presos.

 Quisquis: Yo también opino como tú. Pero esta vez necesitamos negociar. Nuestra situación es difícil. Nuestras tropas están débiles y dispersas. Por lo menos, aquí todavía no saben que nuestro señor Atahualpa está prisionero en Cajamarca. Si lo supieran quizás se alzarían contra nosotros para liberarlo…

 Un soldado inca: Cápac Quisquis, se aproxima nuestro emisario. Un grupo de hombres muy extraños está con él.

 El emisario inca se acerca a los generales. Le siguen un oficial español a caballo, un soldado español a pie, un esclavo negro que lleva su carga y un hombre del pueblo que hace de traductor. El oficial se baja del caballo.

 El emisario se acerca a los dos generales incas y les habla con ademán de no ser escuchado por otros.

 El emisario: Señores generales, el curaca de Andamarca dio su consentimiento para que tengamos a los prisioneros allí. Se ha quedado en el pueblo haciendo los preparativos. Cuando llegué estos forasteros de extraño aspecto ya estaban allí hablando con alguna gente de ese lugar. Tengan cuidado. No sé qué tanto han hablado con los andamarquinos. Tampoco confíen en ese traductor. No es cajamarquino ni quiteño, es de los tallanes de Piura.

 Los generales indican con un gesto que están de acuerdo. Unos guardias incas se quedan cerca de los prisioneros y otros rodean a los extranjeros con curiosidad. Los españoles tienen espadas y puñales listos. El negro, armado con una lanza, no permite que se acerquen los guardias incas.

 El oficial español hace un gesto con la cabeza para que el intérprete hable.

 El intérprete: Señor general, este jefe español quiere saludarte y hacerte algunas preguntas. Venimos de Cajamarca con dirección al Cuzco. Tenemos la orden de recoger tesoros para…

 Quisquis: ¡Basta, basta! ¡Sé muy bien para qué están aquí! Dile a este señor extranjero que queremos seguir nuestro camino.

 El oficial español: (En castellano) Dile a ese indio que mi nombre es Pedro de Moguer, enviado especial del capitán general Francisco Pizarro. Quiero saber si hay tesoros en Andamarca y quiero saber quiénes son esos prisioneros.

 El intérprete cambia lo que quiere decir el español, sobre todo por no hablar bien ni el castellano ni el quechua.

 El intérprete: (En quechua) Señor general, este es el capitán general Pedro de Moguer, amigo especial de Francisco Pizarro. Quiere que estos prisioneros saquen tesoros de Andamarca y se vengan con nosotros.

 Quisquis hace un gesto de no entender el quechua del intérprete. Y se dirige a él sin dejar de sonreír a los españoles.

 Quisquis: (Sonriendo) ¿Qué cosa hablas runa tonto? ¿Cuál es el idioma de tu tierra?

 El intérprete: Hablamos sec, señor.

 Quisquis hace que uno de sus soldados se aproxime. Sigue sonriendo hacia los españoles y finge hablar amistosamente con el intérprete.

 Quisquis: (Con una gran sonrisa) Escúchame bien, intérprete. Y sonríe mientras hablo, así como lo hago yo. Vamos a fingir que no entendemos nada de lo que dices. Pero este soldado entiende mucho del idioma de estos “hatun-suas” y “sungasapas”…

 El intérprete: (Asustado) No diga eso, general, es posible que nos entiendan…

 Quisquis: (Sigue sonriendo). Mejor todavía. Te lo advierto. Si nos traicionas te sacaré los ojos y te los haré comer mientras te quito la piel para hacer tambores. Ahora dime, ¿los hatun-suas saben quiénes son estos prisioneros?

 El intérprete: Sí señor. Ya se sabe en Cajamarca y esperaban encontrarse con ellos por aquí.

 Quisquis: Bien. Tú me ayudarás a hacerles creer que estos no son quienes tú sabes (con sonrisa exagerada). ¿De acuerdo?

 El español se muestra desconfiado ante esta larga conversación en quechua, sobre todo cuando el intérprete la reduce a una breve frase.

 El intérprete: (En castellano) Eh… uh… el general inca le da su saludo.

 El oficial español mira con desprecio al intérprete y lo empuja con fuerza hacia un lado del camino. De la alforja del caballo saca una vasija dorada y se la enseña a Quisquis.

 El oficial: (En castellano) Oye, indio estúpido… En Andamarca… ¿hay esto?

 Quisquis: (En quechua y sonriendo) Maldito hatun-sua sopaypa-huahua... No. No hay nada de eso. ¿No es verdad? (Mirando al intérprete)

 El intérprete: (En castellano y sonriendo) Nada, nada, no hay nada…

 El oficial español señala a los prisioneros.

 El oficial: (En castellano) Esos indios sucios… ¿el inca Huáscar?

 Quisquis: (En quechua, siempre sonriendo) No, no es Huáscar. Son ladrones, gente pobre de Andamarca…

 El intérprete: (En castellano, muy sonriente) No, no Huáscar. Pueblo, gente del pueblo… Ladrones…

 El willac umu entiende el juego entre Quisquis y el intérprete y los interrumpe.

 Challco Yupanqui: (En quechua) ¡Mentira! ¡Mentira! ¡Este es el inca Huáscar! ¡Y tiene muchos tesoros para darles si ayudan a liberarlo! ¡Inca Huáscar! ¡Inca Huáscar!

 Un soldado golpea al viejo willac umu y lo hace callar.

 Los españoles se miran, dudando qué actitud tomar.

 El oficial: (En castellano) Vamos. Se hacen los tontos. Apresurémonos en llegar al Cuzco. No es nuestro problema. Ya informaremos sobre esto en Cajamarca a nuestro regreso.

 El oficial español monta su caballo. El grupo de extranjeros y su intérprete se alejan y antes de perderse de vista el oficial español dice una frase de despedida en quechua.

 El oficial: Rimaykullayki… Anchatam kusikuni reqsiykuspay…

 Los generales incas y sus soldados se muestran sorprendidos. A lo lejos, el intérprete les hace señas indicando que él no sabía que el oficial español hablaba algo de quechua.

 Quisquis: Ellos también se hacen los tontos… Estamos a salvo.

 Los prisioneros ayudan al willac umu a recuperarse del fuerte golpe. El inca Huáscar se muestra sorprendido del incidente.

 Huáscar: ¡Qué gente tan extraña! Quisquis parece conocerlos bien.

 Challco Yupanqui: ¿Serán viracochas, enviados de los dioses? ¿O serán aquellos hombres del mar que en las tierras de la costa norte robaban y mataban dejando extrañas enfermedades?

 El grupo reanuda la marcha. Frente al valle del río Negromayo los prisioneros contemplan el paisaje con admiración.

 La coya de Huáscar, Chucuy Huaypa: ¡Miren qué hermoso valle! ¡Qué bellos los andenes!

 Un joven, hijo de Huáscar: ¡Padre! ¡Es un lugar muy hermoso! ¡Ojalá podamos quedarnos a vivir aquí!

 La madre de Huáscar, Aragua Ocllo: ¡Deben ser gente muy trabajadora!

 Challco Yupanqui: Es la tierra de los rucanas. ¡Gente laboriosa y valiente!

 Huáscar: ¡Es verdad! Han hecho fértil esta tierra y han trabajado en estos andenes desde tiempos muy antiguos.

 El general Challcochima se acerca a los prisioneros.

 Challcochima: Bonito lugar, ¿eh? Señores cuzqueños, disfruten del paisaje y del aire fresco. Puede que sea lo último que puedan ver y gozar.

 La coya de Huáscar, Chucuy Huaypa: (Mirando al cielo) ¡Oh, padre Sol! ¿Qué será de nosotros?

 Mientras el grupo ingresa al pueblo de Andamarca, el pueblo muestra música y danzas relacionadas con el trabajo de la tierra. 

 
 

 

Parte 2
Huáscar se entera de la prisión de Atahualpa
 

Escenario: Huáscar y sus acompañantes están atados en un recinto sin techo, expuestos al frío, sin cobijas ni alimentos. No muy lejos, los generales incas beben y comen. Un grupo de guerreros y pobladores rucanas se acerca al lugar. Los guardias incas, al mando del general Quisquis, tratan de alejarlos. 

Quisquis: ¡No pueden pasar! ¡Regresen a sus casas! ¡Nadie puede acercarse a los prisioneros! 

El curaca de los rucanas, Titu Kallpa, desafía al general Quisquis. 

Titu Kallpa: Si eres sensato y prudente, general Quisquis, estarás de acuerdo en lo que te digo. Sea culpable o inocente, hombre libre o prisionero, Apu Huáscar sigue siendo cápac runa. Un hijo del Sol no puede estar en esta pobreza. Ofendes a mi pueblo y atraes la desgracia a nuestra comarca. Que los rucanas le proporcionemos comida y abrigo no cambiará en nada la suerte de este gran señor. Pero estaremos actuando todos, ustedes y nosotros, en forma más grata a los dioses. 

Quisquis titubea, pero voltea a mirar hacia donde están los otros jefes incas. Challcochima le hace una señal para que permita que los rucanas visiten a Huáscar. Los soldados incas revisan el contenido de los atados que llevan los rucanas y permanecen vigilando a una distancia prudencial. 

Huáscar: ¿Quién eres tú que se compadece de esta manera de un desgraciado como yo? 

El curaca rucana se inclina hacia el inca con el rostro mirando al suelo. Lo mismo hacen los demás líderes de los rucanas. Entregan con gran humildad sus atados a los prisioneros. De acuerdo a la costumbre inca, avanzan arrodillados y con la cabeza gacha a dejar los regalos y retroceden del mismo modo, sin dar la espalda al inca. 

Titu Kallpa: Mi señor, soy el curaca de los rucanas. Aunque eres prisionero y estás aquí custodiado por tus enemigos, hemos venido a honrarte y servirte. Aquí tenemos algunos presentes para aliviar tu pena. 

El sacerdote inca Challco Yupanqui: ¡Cuánta piedad! ¡Que el padre Sol llene de bendiciones a este pueblo! 

La coya de Huáscar, Chucuy Huaypa: ¡Al fin encontramos gente que se compadece de nosotros! 

Un joven, hijo de Huáscar: ¡Padre, padre! ¡Por fin podremos abrigarnos y comer! 

La madre de Huáscar, Aragua Ocllo: ¡Agradezcamos al padre Sol estos hermosos obsequios! 

El pueblo rucana entona y danza una canción en honor del inca prisionero. Mientras tanto, la coya, su hijo, la madre de Huáscar y el sumo sacerdote del Korikancha, el willac umu Challco Yupanqui, se alegran descubriendo en los fardos comida, bebida y ropa limpia. 

El curaca Titu Kallpa se queda postrado cerca del inca, en señal de querer decirle algo importante. 

Huáscar: Levanta la mirada, buen curaca de los rucanas, habla conmigo como si yo fuera otro hombre cualquiera. 

Titu Kallpa: Debo decirte algo importante, Cápac Inca, y a ti también, gran sacerdote willac umu. Estos generales incas tan orgullosos que están aquí, en verdad nos ocultan un gran secreto: tu hermano Atahualpa está prisionero en Cajamarca. Lo tienen encerrado esos hombres blancos y barbudos que has visto. 

Challco Yupanqui: ¡Son los viracochas! ¡Los enviados del cielo! ¡Los guerreros que salvarán a nuestro apu cápac Huáscar y le devolverán el gobierno del Cuzco!  

Huáscar: ¡Es verdad! Mi padre Huayna Cápac tuvo una visión en la que el gran creador Viracocha Pachayachachi enviaba mensajeros que imponían justicia con sus rayos y flechas de fuego. ¿Es verdad que esa gente extraña tiene tales poderes?  

Titu Kallpa: Me temo que no es así, apu inca. Esos hombres de barbas tienen animales de guerra y armas que no conocemos pero son hombres como nosotros. Y vienen a hacer la guerra para ellos mismos. En la plaza de Cajamarca mataron con gran crueldad a muchos soldados y gente del pueblo, entre ellos a los rucanas que llevaban el anda del inca. 

La madre de Huáscar, Aragua Ocllo: ¡No es posible! ¡Que desgracia! Entonces no tenemos cápac inca. ¡Esta guerra dejó a nuestra tierra indefensa! ¡Oh hijo mío! ¿Cómo pudo ocurrir todo esto? 

Challco Yupanqui: ¡Entonces nuestra suerte está echada! Challcochima y Quisquis nos trajeron a escondidas a Andamarca para que los barbudos no sepan que existe otro cápac inca. Para hacerles creer que Atahualpa es el único y verdadero soberano del Tahuantinsuyo.  

Titu Kallpa: Es verdad gran willac umu. Ahora que los extranjeros barbudos saben que el gran apu Huáscar está aquí, los quiteños van a querer…  

Aragua Ocllo y Chucuy Huaypa: ¡Van a matarnos! ¡Van a matarnos! 

Los prisioneros se abrazan atemorizados. Las mujeres lloran. 

La coya de Huáscar, Chucuy Huaypa: ¡Ayúdanos tú, curaca de los rucanas! ¡Sálvanos de esta gente que nos quiere asesinar! 

Titu Kallpa: Eso es justamente lo que pensamos hacer, apu inca. Si tú nos das la orden haremos todo lo posible por salvarte. ¡Los rucanas estamos listos para combatir! 

Huáscar: No. De ninguna manera. Es posible vencer a este pequeño grupo de soldados y jefes quiteños pero luego vendría un gran ejército a destruir Andamarca. Nosotros ya no tenemos ejército que nos defienda. El Cuzco fue incendiado y toda nuestra panaca y la gente que nos era leal fueron asesinados por Quisquis y Challcochima. Ustedes los rucanas deben vivir para poder contar esta historia a la gente que venga después. Ustedes deben hacer que el recuerdo de nosotros no muera. 

Titu Kallpa se inclina con gran reverencia. 

Titu Kallpa: Eres noble y valiente gran apu cápac Huáscar. Los rucanas siempre seremos fieles a tu ejemplo y nunca permitiremos que seas olvidado.  

Los rucanas y su curaca se retiran. El pueblo rucana que estaba alrededor entona y danza una música triste que hace pensar en la próxima muerte del inca. 

Los jefes y soldados incas se agitan ante la llegada de un personaje acompañado de dos guardias. Es el general Rumi Ñahui, que se ha reunido en secreto con Atahualpa en su prisión de Cajamarca. 

Los soldados incas: ¡Es nuestro jefe Rumi Ñahui! ¡Viva Rumi Ñahui! ¡Viene de Cajamarca! ¡Ha estado con nuestro gran señor Atahualpa! 

Los soldados incas realizan una danza de guerra inca, acompañados de zampoñas y tambores. 

El recién llegado habla a todos los presentes. 

Rumi Ñahui: Es verdad, vengo de Cajamarca junto con el general Cusi Yupanqui, que tiene tropas muy cerca de este lugar. Y debo comunicar que nuestro gran señor Atahualpa está triste. La noticia ya no es un secreto. Unos extranjeros con extrañas armas lo tienen prisionero y le piden reunir un gran tesoro para después marcharse de regreso por el mar que los trajo a esta tierra. Mientras reunimos ese tesoro estamos reuniendo soldados para rescatar a nuestro inca. 

Challcochima y Quisquis se acercan a Rumi Ñahui.  

Quisquis: Estamos aquí, gran señor Rumi Ñahui, listos para servir al apu inca Atahualpa en todo lo que necesite. 

Challcochima: ¿Y qué desea nuestro señor que hagamos con estos prisioneros? 

Rumi Ñahui mira hacia los prisioneros. 

Rumi Ñahui: Mi señor Atahualpa, apu cápac vencedor de esta larga guerra, está dispuesto a perdonar a su hermano el príncipe Huáscar si este lo reconoce como jefe supremo del imperio, y si está dispuesto a llamar a todos los pueblos que todavía lo apoyan para que den su respaldo al gran vencedor Atahualpa.   

El willac umu y los familiares de Huáscar: ¡Eso jamás! 

Rumi Ñahui: ¡Callense! ¡Sólo el príncipe Huáscar tiene derecho a hablar en este momento! 

Huáscar: Es cierto que Atahualpa es mi hermano. Pero es cierto también que por su ambición nuestro imperio se ha dividido y, tras varios años de guerra, nuestra tierra sufre gran pobreza y desorden. He sido azotado y arrastrado por los caminos junto con mi familia, pasando hambre y frío. Ustedes me obligaron a ver cómo la ciudad sagrada del Cuzco era incendiada y su nobleza asesinada. He visto los templos del Cuzco profanados y las huacas de mis ancestros entregadas a que las destrocen los animales. El willac umu del Korikancha, el más grande sacerdote del Tahuantinsuyo, está aquí conmigo sufriendo mi misma suerte. ¿Te inclinarías ante mí, Rumi Ñahui, si hubiera hecho lo mismo en Quito y Tumebamba?

 Rumi Ñahui: No necesito escucharte más, cápac Huáscar. Tu respuesta nos obliga a cumplir una orden ya dispuesta por nuestro gran señor Atahualpa. El es dueño de nuestras vidas y también de la tuya y de aquellos que te acompañan. Te veremos por última vez mañana muy temprano.

 Huáscar: Cumple tu misión, Rumi Ñahui. El padre Sol ha visto todos mis actos y también los de mi hermano. Iré a encontrarme con él con la frente alta y confiando en el buen recuerdo que de mí tendrá este pueblo.

 Los jefes y soldados incas se retiran.

 Los prisioneros están abrazados, mientras Huáscar se pone de pie y alza los brazos en señal de oración a su padre el Sol. Se escucha una canción alusiva a esta a la valentía del inca Huáscar.

 
 

 

Parte 3
La muerte del inca en Andamarca

 Escenario: Amanece en Andamarca. En el centro del lugar del sacrificio se encuentran Huáscar y sus acompañantes. Los generales Challcochima, Quisquis y Rumi Ñahui rodean a los prisioneros acompañados de soldados incas. Huáscar, su madre, la coya, su hijo y el sumo sacerdote del Cuzco están atados de pies y manos. 

Danzantes rucanas se acercan a Huáscar y sus acompañantes con ofrendas. 

Terminada la danza, el general Challcochima toma en sus manos un tumi y una cuerda dorada y se acerca al inca prisionero. 

Challcochima: ¡Noble príncipe Huáscar! ¡El destino exige que cumplamos su voluntad! Ha llegado el momento de entregar tu carne y tu sangre a nuestra Pachamama. Y la de todos los que te acompañan. Acepta con valor este destino y entrégate a la voluntad de nuestros dioses. 

El sumo sacerdote del Cuzco, también prisionero, lo interrumpe. 

Challco Yupanqui: ¡Detente, Challcochima! Si eres tú el que ha de quitar la vida a estos altos personajes hijos del Sol, lo que tendremos será una infamia, un acto criminal, una venganza. Tú sólo eres un yana-guerrero, un hombre de origen indigno y además ajeno a nuestras tierras. Líbrame de estas amarras y que sea yo, el sumo sacerdote del Korikancha, quien haga este doloroso sacrificio. Quizás de esta manera los dioses nos perdonen a todos por esta guerra que sólo ha traído desgracias y maldiciones en todo el imperio. 

Challcochima: Muy bien, sacerdote, así será. Serás tú el que se manche las manos con esta sangre. ¡Desátenlo y denle este tumi y esta cuerda!  

El sacerdote es desatado y le entregan los objetos. Huáscar y los demás prisioneros se abrazan a él. Huáscar le habla en voz alta. 

Huáscar: Mi padre el Sol premiará tu valentía Challco Yupanqui. Sólo tú puedes disponer de nuestras vidas de una manera grata a los dioses y que sirva para remediar todo el mal que hemos hecho. Con gusto me someto a esta difícil prueba que el destino te encomienda. Y pido a los míos que también la acepten con ese mismo valor. 

La madre, la coya y el hijo de Huáscar se inclinan con obediencia hacia el inca cautivo, entre sollozos. 

Madre de Huáscar, Aragua Ocllo: ¡Oh, dios Sol, recíbenos en tu morada de los cielos! ¡Nuestra sangre será para siempre parte de estos bellos andenes! 

Coya de Huáscar, Chucuy Huaypa: ¡Apu cápac inca Huáscar! ¡Te acompaño para seguir siéndote fiel en la otra vida! ¡Muero feliz a tu lado! 

El curaca de los rucanas, Titu Kallpa, se acerca al grupo de prisioneros, que están rodeados por soldados incas. Lleva en sus manos unas mantas. 

Titu Kallpa: ¡Gran señor Challco Yupanqui! Nosotros los rucanas también admiramos tu valor y te estamos agradecidos. Por tu sagrada mano tendremos no un bárbaro crimen sino un valioso sacrificio para nuestros dioses. Permite que estas ofrendas aquí depositadas sean parte de este pago a la tierra y recibe estas mantas para que estas nobles personas estén cubiertas por ropas dignas de ellas. ¡Que los reyes del cielo no las vean atadas, lastimadas y con harapos! 

El curaca Titu Kallpa entrega al sacerdote las mantas y este último se inclina en señal de gratitud. Luego coloca las mantas en los hombros de los prisioneros. 

Challco Yupanqui: Gracias por tu bondad, curaca de los valientes rucanas. Y que tus oraciones y tus pagos a la tierra siempre recuerden que aquí se regó la tierra con sangre de la más alta nobleza cuzqueña. 

Quisquis: ¡Ya basta de tanta habladuría! ¡Sacerdote, realiza ya tu tarea! 

El curaca de los rucanas alza la voz ofendido. 

Titu Kallpa: ¡Basta ya, arrogante general Quisquis! Los dioses deben ser atendidos con cortesía y respeto. Estas nobles personas pertenecen por su origen a nuestros dioses. ¡Y no provoques nuestra ira! Los rucanas hemos tolerado todo esto porque el Cápac Inca Huáscar así lo ha pedido. De otra manera ya estarían tú y tus soldados convertidos en ofrenda de sacrificio. 

Quisquis: ¡Insolente! ¡Ya aprenderás a tenerme miedo! 

Los soldados incas se inquietan y también los combatientes rucanas. El inca se interpone. 

Huáscar: ¡Deténganse! ¡Aquí no necesitamos más sangre derramada que la nuestra! Pronto estaré con mi padre el Sol, Quisquis, y él sabrá de lo que has hecho en esta vida antes de que tus días terminen. 

La voz del inca paraliza a los presentes y la ceremonia se reanuda. Los prisioneros se arrodillan mostrando la nuca al sacerdote. 

Huáscar: ¡Padre Sol! ¡Pronto estaré contigo! 

El sacerdote hace un torniquete con la cuerda dorada en el cuello de cada prisionero y lo estrangula. El último en morir es Huáscar. 

Luego el sacerdote corta el cuello de las víctimas con el tumi y recoge sangre de cada una de ellas en un kero. 

Chalco Yupanqui alza el kero hacia los cielos y luego derrama la sangre sobre la tierra. Luego pronuncia una oración en voz alta, como para ser escuchado por los apus: 

Challco Yupanqui: ¡Dioses creadores, perdonen a nuestro pueblo! ¡Que esta ofrenda tan preciosa sirva para que venga una nueva época de prosperidad y la felicidad en todo el Tahuantinsuyo! 

Luego, tomando las ofrendas dejadas por los rucanas, realiza una ceremonia de pago a la tierra.   

Cumplida su triste tarea, el sacerdote Challco Yupanqui coloca el tumi sagrado sobre su cuello, dispuesto a matarse. 

Challco Yupanqui: ¡¡¡Apoc Pachayachachi Viracocha Ticci!!! Perdona que haya tenido que derramar con mis propias manos esta sangre noble y sagrada. Que nuestro Sol creador reciba en los cielos a estos príncipes. Y que yo pueda estar pronto con ellos para seguir sirviéndoles. 

Luego se corta del cuello de un lado al otro y cae muerto. 

Los rucanas realizan cantos fúnebres y de respeto a tan nobles muertos. 

Una vez muerto el sacerdote Challco Yupanqui, Rumi Ñahui se acerca con un tumi en la mano a cortar la cabeza de Huáscar y la coloca en una chuspa o bolsa muy colorida. Luego dice a todos los presentes:

 

Rumi Ñahui: Mi misión está cumplida. Llevo esta noble cabeza como trofeo para mi señor Atahualpa en Cajamarca. 

Rumi Ñahui se aleja a la carrera acompañado de algunos soldados.  

El curaca de los rucanas se dirige al general Chalcochima. 

Titu Kallpa: ¡General, déjanos sepultar al inca y su familia de acuerdo a nuestras costumbres! ¡Permite que su viaje hacia el mundo de los dioses tenga nuestras ofrendas y nuestras oraciones! 

Challcochima da una orden y los soldados incas empujan con sus porras y sus escudos a los rucanas. 

Challcochima: ¡No habrá nada de eso! ¡Serán puestos en talegas y arrojados al río, como si nadie los honrara ni los conociera! 

Un grupo de soldados pone en grandes bolsas de tela los cuerpos de los victimados y los arrojan desde lo alto al precipicio que da hacia el río. Los rucanas ven la escena horrorizados. 

Challcochima da otra orden y junto con Quisquis y los demás soldados incas se van rápidamente de Andamarca. 

Titu Kallpa: Hijos míos andamarquinos: Esto que hemos visto será la causa de grandes desgracias para nuestros pueblos. Nuestros antepasados nos enseñaron a ser respetuosos de los dioses, a ser generosos con el enemigo vencido, a nunca negar sal, agua ni alimento a ningún hermano de nuestra sangre. Pero esta guerra entre los incas rompió con estas sagradas costumbres. La muerte de Huáscar ha sido el punto final de una dolorosa tragedia. Estos yana guerreros arrogantes creen que sin Huáscar será más fácil reunir fuerzas para liberar a su señor Atahualpa. Están equivocados. Ya los dioses del cielo y la tierra han entregado al criminal Atahualpa en manos de extranjeros. En el futuro ya nada será igual. Sigamos unidos y fieles a nuestras costumbres para que ninguna desgracia destruya al valeroso pueblo de los rucanas.

Los rucanas danzan y cantan en honor del Sol y la Pachamama. 

FIN 

 
   
     
   
 
Imágenes de la representación de la obra en la fiesta regional en el lugar de los hechos:Andamarca (prov Lucanas, Ayacucho) donde nació Guaman Poma.  Se puso en escena el 24 de agosto del 2,007 en el sitio arqueológico de Caniche, con presencia de gente de la provincia y la inclusión de danzas, durante la fiesta del Yaku Raymi. Fotos de Hugos Vallenas
 
     
   

 

 

 
 
 
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