Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"

Centro de Investigaciones Políticas, Sociales y Económicas

 
 
 

 
 

Notas Marginales. Número 2-3 ,  Nº 1 Lima, Febrero de 2000

 
 

Actualidad

 

El canal de Panamá en manos panameñas

Taller de estudios sociales Antenor Orrego

 

Nota.- Este proyecto de comunicado fue entregado el 18 de diciembre de 1999 al Secretario General del PAP, Dr. Jorge del Castillo, correspondiendo a su solicitud de colaboración sobre este importante tema.

 
 

Unidad con el pueblo panameño por la plena soberanía y la integración continental

1.       En cumplimiento del Tratado Torrijós-Carter –suscrito el 7 de setiembre de 1977 y puesto en vigencia el 1 de octubre de 1979– la república hermana de Panamá accederá el próximo 31 de diciembre de 1999 a ejercer el control soberano sobre las instalaciones, la cuenca y las dos franjas de seguridad de 8 km a cada lado del canal de Panamá, que desde el inicio de la construcción de este paso marítimo en 1903 han estado bajo la jurisdicción de los EE UU. La ceremonia de traspaso protocolar se realizó el 14 de diciembre pasado, con la presencia de seis presidentes latinoamericanos, el rey de España y el ex presidente Carter acompañando a la presidenta Mireya Moscoso. Ha sido lamentable la ausencia del presidente Clinton y también la ausencia del presidente peruano Alberto Fujimori, en un acto tan trascendental para la historia de las relaciones interamericanas. Con el control panameño sobre el canal llega a su fin uno de los últimos hitos de neocolonialismo subsistentes en la segunda mitad del siglo XX, comparable al arbitrario dominio británico sobre Hong Kong, concluido en 1997. El APRA, solidario con el fortalecimiento de la soberanía de los pueblos indoamericanos y combatiente desde hace 75 años por la descolonización de la zona del canal, se une entusiasta a la alegría que embarga al pueblo panameño, que este 31 de diciembre, al mediodía, recién podrá hacer realidad la estrofa de su himno nacional que dice: «El canal es nuestro».

 

2.       La república hermana de Panamá, como lo señaló en la ceremonia del día 14 pasado la presidenta Moscoso, tiene frente a sí el gran desafío de asegurar la eficiente administración y mantenimiento del canal, que exige grandes inversiones en modernización. Las instalaciones que serán entregadas este 31 de diciembre incluyen costosas estructuras operativas para el sistema de esclusas que no han sido mayormente renovadas desde que el canal iniciara sus funciones en 1914. A su vez, el normal funcionamiento del canal depende de 9,200 empleados, funcionarios y técnicos; éstos últimos, si bien en los últimos diez años han sido gradualmente reemplazados por personal panameño hasta un 96%, su capacitación y escala salarial se basa en referentes norteamericanos, lo cual representa un problema económico-social importante para Panamá. A esto hay que agregar la presión de importantes sectores de los grupos de poder norteamericanos contrarios a esta soberanía y hostiles a brindar ayuda a los panameños. En este aspecto no es casual la ausencia del presidente Clinton en la ceremonia protocolar de entrega del canal. Es decir, la administración soberana del canal por los panameños es una empresa que encierra peligros y requiere la plena solidaridad de los pueblos latinoamericanos. Debemos estar alertas a los intentos de recortar la soberanía panameña sobre el canal a cambio de concesiones económicas y a todo intento de obstruir, mediante restricciones financieras y sanciones diplomáticas, su operatividad y su rentabilidad.

 

3.       La plena soberanía panameña sobre el canal que cruza su territorio es un tema que debe ser de permanente interés para todos los latinoamericanos. Desde 1903, cuando el tratado Hay-Bunau Varilla autorizó lo que se llamó «el derecho a perpetuidad» sobre la actual zona de canal a un costo de US$ 10 millones y un arrendamiento anual de US$ 250 mil, esta porción del istmo fue administrada como un enclave de absoluto dominio estadounidense, donde ni siquiera podía exhibirse la bandera panameña. Fue como resultado de intensas luchas populares –lucha jalonada por grandes hitos de heroísmo que van desde las protestas contra el intento de anexión por los EE UU de mayo de 1924 hasta la insurrección popular antiimperialista de enero de 1964– que este control absoluto fue atenuándose, sobre todo a partir de 1971, con el inicio de las conversaciones tendientes a negociar la soberanía del canal. Sin embargo, el problema de la soberanía panameña no se circunscribe a su fuero interno. Además de otorgarle beneficios económicos a los EE UU, el control del canal de Panamá ha representado un baluarte militar, no sólo de rápido acceso a los dos océanos sino de hegemonía sobre toda el área centro y sudamericana. Esto ha podido comprobarse por lo menos en tres ocasiones, con motivo del conflicto peruano-colombiano en 1932, el bloqueo a Cuba en 1962 y el conflicto británico-argentino por las Malvinas en 1982. En todos estos casos la armada norteamericana restringió el uso del canal para imponer unilateralmente sus intereses geopolíticos. Además, el aspecto militar del problema panameño no llegó a ser resuelto satisfactoriamente en 1977, como el propio presidente Omar Torrijós lo señalara. Para que el Congreso norteamericano convalidara el tratado, fue menester conservar en sus cláusulas el concepto de «defensa conjunta» del canal por las fuerzas militares norteamericanas y panameñas, así como suscribir un «Pacto de Neutralidad» que autoriza a los EE UU intervenir militarmente en Panamá después del año 2000 si es que hiciera falta «garantizar la neutralidad del canal». De este modo, a la vez que la soberanía sobre el canal impondrá al pueblo panameño desafíos y sacrificios, no está garantizada la efectiva independencia de este istmo estratégico desde el punto de vista de la seguridad tanto interna como continental. La subsistencia de importantes contingentes militares de los EE UU impone a Panamá una situación de soberanía limitada, que se extiende a toda América Latina.

 

4.       El aprismo ha sido desde su fundación en 1924 un leal aliado del pueblo panameño. Víctor Raúl Haya de la Torre, que durante su primer exilio encontró allí amistad y solidaridad, fue un esforzado activista de la defensa de Panamá contra el imperialismo norteamericano, vinculando a la juventud universitaria de todo el continente en una activa campaña contra la maniobra anexionista de 1924. «He sentido la indignación más honda, como americano y como joven, al saber que un nuevo atentado se prepara contra uno de los pueblos de América que más amo», escribió en su célebre «Carta abierta a los estudiantes y obreros de Panamá» del 14 de mayo de 1924. Y no es por azar que el punto cuarto del programa máximo aprista, complementando el punto segundo «por la unidad política de América Latina», se refiere explícitamente a este problema proponiendo «la internacionalización del canal de Panamá». Muchas veces Haya de la Torre explicó cómo entendía esta tesis programática aprista: «Una internacionalización del canal de Panamá bajo una administración interamericana que garantice la libre navegación pro mundi beneficio es la solución» indicaba en un artículo del 30 de junio de 1967. Con motivo del tratado de 1977, Haya de la Torre advertía en una entrevista ofrecida en Caracas: «El nuevo tratado sobre el canal de Panamá dimensiona continentalmente el problema de Panamá. Eso es un gran paso, porque nosotros hemos pedido que se considere el problema de Panamá como un problema continental, como un problema indispensable para la integración de nuestros pueblos, como una llave de seguridad por la que ni los Estados Unidos ni ningún otro país, o Panamá, por intermedio de los Estados Unidos, nos pueda impedir el plan de integración». El aprismo demandaba el uso sin restricciones del canal por todos los países del mundo, salvaguardando este derecho los países americanos en forma mancomunada. Que Panamá no sea objeto de codicia geopolítica ni estén colocados en segundo plano respecto al destino futuro del canal los demás países americanos. Esto, por supuesto, conjugado con la defensa de la plena soberanía panameña y con el impulso a la integración indoamericana. Desde el punto de vista aprista, la entrega del canal a la soberanía panameña es el comienzo de la solución, un importante paso adelante, pero no llega a ser todavía el triunfo definitivo, ni para Panamá ni para América Latina.

 

5.       El Partido Aprista Peruano considera que el cumplimiento del Acuerdo Torrijós-Carter sienta un valioso precedente de cambio en la estructura de las relaciones interhemisféricas en América. Debe saludarse como un triunfo del pueblo panameño y latinoamericano contra décadas de oprobio y arbitrariedad. Pero falta conquistar la plena soberanía. Panamá no requiere tutela militar ni la conservación del canal debe convertirse en un instrumento de coacción y dependencia financiera. Tampoco el continente puede seguir careciendo de un sistema equitativo y democrático que garantice el libre uso del canal –que no se contradice con la vigencia de tarifas de tránsito–  y ponga fin para siempre a su control militar unilateral. Para lograr estas metas, Panamá requiere el apoyo de todos los pueblos de América. La defensa de Panamá sigue siendo una tarea unitaria continental. El APRA se une a la alegría que une en estos momentos al pueblo panameño y reafirma la convicción heredada del gran Libertador Bolívar de considerar este istmo como el símbolo de la integración de la gran patria latinoamericana, «comparable a lo que fue el istmo de Corinto para los griegos».

 

 
 

 

 

 

 

 
   

 

 

 
 
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