Desde su fundación, el aprismo emergió como una fuerza social pugnante por una democratización social y contra el orden oligárquico. En sus inicios de los 1930, se buscaba conquistar la hegemonía del poder, intentando llevar al frente de clases explotadas a la conducción del Estado antimperialista y antioligárquico. Progresivamente, el Apra coexiste entre la conspiración y la participación electoral, y va atenuando su pugnacidad radical, concediendo mayor importancia a la democracia parlamentaria, 1945-1948(orientación popular y democrática), 1956-1962 y 1963-1968(coalición Apra-Oligarquía, orientación democratizante y liberal), 1978-1980(Coalición Apra-PPC, orientación democratizante y social demócrata), 1980-1985(orientación democratizante y liberal), 1985-1990(tendencia populista y democratizante),1990-2000(orientación antiautoritaria).
En los últimos años, los dirigentes del PAP y las bases incorporaron con mayor fuerza las ideas democráticas, fortalecieron la oposición contra el proyecto autoritario de Fujimori de someter la sociedad y el mercado nacional al control de los grupos de poder económicos nacional y extranjeros, lucharon contra la subordinación de la política económica a las exigencias del sistema económico internacional y de las grandes instituciones financieras.
Para las últimas elecciones generales del 2000, el aprismo dio señales de un esfuerzo de democratización interna, promoviendo el derecho de los militantes a elegir a sus representantes políticos mediante las elecciones internas, que aunque dejaron una lista de problemas a superar y muchos interrogantes en la elaboración final de la lista; pero de alguna manera se apreció un avance en la práctica democrática interna, mejorando su imagen ante la opinión pública.
Los ejercicios democráticos al interior de los partidos son parte de un proceso que ayuda al desarrollo de la conciencia ciudadana en los militantes, que deben asumir un mayor compromiso social; ya que los partidos políticos son instituciones de intermediación entre las demandas de la Sociedad y el Estado. Estas instituciones políticas están llamadas a percibir, interpretar y procesar la pluralidad de intereses sociales, aportando con respuestas capaces de dar unidad y sentido a las demandas de los sectores sociales, posibilitando que la sociedad política limite el poder del mercado, mediante la promoción del desarrollo de los derechos sociales y políticos, la solidaridad y la disminución creciente de las desigualdades socioeconómicas en nuestra sociedad.
En los partidos políticos democráticos, la dinámica del poder tiene su fuente en las bases, y en la sistematización de los intereses representados, buscando la participación en la conducción del Estado. Los dirigentes son los representantes de las bases sociales y deben estar subordinados a las intereses de los grupos sociales legitimamente organizados. Los liderazgos democráticos tienden a transformar las demandas sociales en programas políticos dentro de un proyecto de mediano y largo plazo. Los programas políticos y el sano desarrollo institucional impide que los partidos se tornen en empresas políticas puestas al servicio de ambiciosos caudillos, o de maquinarias productoras de representantes electos. El desarrollo democrático favorece que los militantes políticos y grupos sociales definan sus intereses y expandan su capacidad de acción de construir su futuro, evitando que se reduzcan a simples consumidores de directivas y mensajes publicitarios o a operadores propagandísticos de los candidatos digitados por las autocracias políticas.
La decisión tomada por el CEN del PAP para que los representantes no sean elegidos por las bases, reflejan una actitud antidemocrática y nos revelan el predominio del virus de la cultura autoritaria, donde una comisión política elitista pretende tomar decisiones en nombre de todos los militantes. Este comportamiento autocrático significa un retroceso en el desarrollo democrático y ofrece señales ante la sociedad, que los partidos políticos tradicionales se resisten a aprender la lección que los caminos ya no van por los dictados de las burocracias políticas sino por la expansión de las prácticas democráticas desde abajo. En una sociedad donde fluye con gran rapidez la información, es trágico ver que las cúpulas partidarias no decidan expandir los derechos políticos y solo vean los intereses inmediatos de las maquinarias políticas. De primar esta orientación autocrática, los horizontes apristas de atracción a la juventud y a nuevas fuerzas sociales democráticas se vuelven inciertas, cerrando las perspectivas políticas solo al tradicional y leal electorado aprista, que hoy representa un modesto porcentaje a nivel nacional.
Nuestros reclamo es que el Partido Aprista continué con el espíritu y el mensaje que nos legó Haya de la Torre, que retome su orientación por la práctica democrática y realice las elecciones internas para elegir a sus candidatos a representantes políticos ante el Parlamento, por su fortalecimiento institucional, por la ampliación del debate y diálogo interno y por la expansión de sus capacidades para procesar la pluralidad de intereses y dar respuestas adecuadas a las demandas sociales de los sectores populares en la etapa presente.