Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"
Centro de Investigaciones Políticas,
Sociales y Económicas
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"DOCTRINA POLÍTICA: IMPERIALISMO”
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Todo estudio que aspire a presentar de manera objetiva y ordenada la Teoría del Imperialismo tiene que concluir en varios puntos. Para empezar, y a diferencia de lo que generalmente suele pensarse, no es exacto afirmar que existe propiamente una Teoría, como un todo orgánico y sistemático, lo correcto es decir que hay diversas y múltiples teorizaciones. Es más, salvo el caso excepcional de los planteamientos de Hobson, todas de una o de otra manera se reconocen deudoras de la denominada Teoría de la Crisis o del Derrumbe de Marx.
Pero este acercamiento al final de cuentas ha tenido consecuencias funestas para su desarrollo, pues después de ser formulada fue objeto de intensos debates y diversos usos políticos. Desde una perspectiva analítica, dejaron de tener claros contenidos socio-económicos para adquirir tintes cada vez más políticos, para después dejar de ser utilizadas. Todo estos avatares hicieron mella en ellas pues finalmente llevaron a su abandono y reemplazo por las teorizaciones de Braudel y/o Wallerstein. Esto viraje teórico y/o ideológico fue algo que sucedió especialmente en los partidos socialistas europeos y en general en toda la II Internacional. Años más tarde, la caída del Muro de Berlín en 1989 y la "crisis" del paradigma marxista, parecieron confirmar lo acertado de esta decisión. Sin embargo, todo esto ha sido producto de una lectura sumamente mecanicista y/o determinista de la Teoría de la Crisis pues ha faltado la flexibilidad necesaria para su verdadera y exacta interpretación. Así, se olvido que la Ley de la Baja Tendencial de la Tasa de Ganancia, que es su sustento teórico, es efectivamente una Ley pero que debe ser entendida no en términos absolutos sino fundamentalmente tendenciales. Por estas razones, en estos momentos, las Teorías sobre el Imperialismo ya no se expresan propiamente en términos políticos y/o ideológicos, como era antes, sino que han adquirido un status mucho más académico y teórico, y se presentan implícitamente como parte de los estudios sobre los procesos económicos de oligopolización y monopolización de las industrias y las finanzas en las economías capitalistas centrales. En la actualidad en la Teoría Social del Imperialismo existen dos grandes corrientes. La primera, la del Capital Financiero, en la que es posible distinguir cuatro subcorrientes: los teóricos del Control Bancario, los de la Hegemonía Bancaria, los de la Dominación Bancaria e incluso los del Capital Financiero bajo control industrial. La segunda, la del Capital Monopólico, que tienen como sus principales exponentes a E. Herman, H. Sherman K. Cowling, W. Semmler, y A. K. Dutt. Además, estas dos Escuelas, después de múltiples polémicas, ya han comenzado a establecer vínculos pues están descubriendo que la polémica en que se enfrascaron sus fundadores -Hilferding versus Baran y Sweezy- fue mucho más aparente que real porque siempre existió un amplio espacio de coincidencias.
Todo este proceso por el que han pasado las Teorías sobre el Imperialismo nos demuestra que en términos analíticos y teóricos todavía sigue manteniendo vigencia y que no solo es una mera y simple formulación ideológica desechable como se ha hecho creer interesadamente. En tal sentido, es importante tener en cuenta que esta Teoría se construye siempre a partir de dos elementos: uno, de carácter claramente constitutivo, el tránsito de una economía competitiva a otra monopólica en los sociedades capitalistas centrales, o para decirlo en términos propios de le economía convencional y/o positiva, actualmente en boga, el paso de un modelo económico de competencia perfecta a otro de competencia imperfecta; y dos, de naturaleza eminentemente relacional, entre el centro y la periferia, la apropiación, siempre por parte del centro, del excedente producido en la periferia.
Se hace necesario problematizar el fenómeno socio-económico llamado imperialismo a partir de la conceptualización teórica hecha por el mismo Haya de la Torre y sobre todo buscar indagar sobre su vigencia a la luz de las actuales teorizaciones sobre el imperialismo y especialmente sobre las novísimas formulaciones sobre la globalización. Este ejercicio intelectual adquiere también importancia porque de una o de otra manera proporcionaría elementos teóricos para enfrentar el uso excesivamente libre que se ha dado, se da y seguramente se seguirá dando a estos términos no sólo en las ciencias sociales, especialmente desde las décadas del 60 al 90, sino también, en el mundo político. Efectivamente, la falta de rigurosidad hace que muchas veces estos conceptos se confundan con otras categorías sociales como dominación, dependencia, colonialismo, explotación, mundialización, etc.; o lo que es mucho peor, que sean vistos, especialmente la noción de imperialismo, solos como meros y simples elementos del discurso ideológico, como sino tuvieran un sólido soporte teórico y analítico que los respalde, y por consiguiente, tendrían un carácter descartable u desechable.
Más allá de los diversos momentos que tuvo el pensamiento de Haya de la Torre es posible encontrar una especie de hilo conductor o común denominador. En otras palabras, existe una suerte de matriz analítica de naturaleza eminentemente teórica. Esta fue elaborada durante sus primeros años como creador de la doctrina aprista, y para ser más preciso fue en el extranjero y en los agitados años 20. Esta matriz, fue, tributaria de dos autores europeos: Hobson y Lenin. De Hobson, se tomará su concepto de imperialismo, como un fenómeno producido y desarrollado en las sociedades capitalistas centrales y, su denuncia sobre sus efectos negativos en la periferia. De Lenin, de su definición fáctica del imperialismo se rescatara su carácter generativo, producto que el capitalismo ha transitado del período competitivo al monopólico y/o oligopólico; y, la exportación de capitales del centro a la periferia.
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Pero los componentes centrales que la estructuran y dan forma definitiva a esta matriz son cinco:
Primero, el imperialismo es percibido no solo como una teoría general que tiene sus propias leyes sino también, y sobre todo, como una categoría histórica. Se parte de la idea que las sociedades capitalistas no son estáticas sino totalmente dinámicas y están en constante movimiento. En tal sentido, las estructuras sociales, económicas y políticas están en continuo y permanente cambio. Por consiguiente, el imperialismo, como fenómeno socio-económico, esta abierto no a una definición sino a todo un conjunto de definiciones fundamentalmente producto de su desenvolvimiento y/o desarrollo tanto en el espacio como en el tiempo, por lo que puede tener toda una serie de etapas.
Segundo, el imperialismo es una categoría socio-económica pero que también tiene dimensiones políticas y culturales. Siguiendo a Lenin más que al propio Hobson, se establece claramente el carácter y naturaleza del imperialismo como un fenómeno producto de la etapa monopólica del capitalismo y que se manifestará en la exportación de capitales del centro a la periferia más que propiamente de mercancías. Pero el imperialismo tendría también expresiones en otros campos. Dentro de éstos se valorara mucho el de la política internacional y el propiamente cultural.
Tercero, el carácter ambivalente del imperialismo. Siguiendo a Marx y Engels, quienes en algunos escritos señalaban que el capitalismo en sociedades tradicionales -no capitalistas- no sólo era sinónimo de explotación sino también de progreso, se considerara también que el imperialismo tiene tanto aspectos negativos como positivos. Esto lo diferenciara notablemente no sólo de Lenin y Mariátegui sino también de la casi totalidad de los teóricos de la dependencia quienes solo tomaban en cuenta lo primero y nunca lo segundo.
Cuarto, la relación teoría y praxis. La noción de imperialismo está ligado íntima e indisolublemente con la de antimperialismo. En tal sentido la conceptualización sobre el imperialismo siempre ira de la mano de la conceptualización sobre la alternativa política a seguir. Aquí, nuevamente, encontramos diferencias sustanciales con algunos teóricos marxistas dogmáticos.
Quinto, la dimensión continental de su conceptualización sobre el imperialismo. Efectivamente, este fenómeno socio-económico es visto como el aspecto central de la problemática peruana y latinoamericana. Así, su repercusión en nuestra sociedad queda subsumida dentro de otra mayor, que la incluye y la comprende, la regional.

Carl Marx
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Como se ve esta matriz analítica hayatorreana, no es un sistema de ideas cerrado y que llegue a establecer un divorcio con la realidad social y con los cambios que ella se producen como ha sucedido muchas veces en la historia con muchos idearios que finalmente terminaron convirtiéndose en cárceles.
Debemos tener siempre presente que toda Teoría Social tiene que cumplir con dos requisitos. Primero, tener una coherencia lógica interna, entre sus supuestos (hipótesis), categorías teóricas y las conceptualizaciones sobre la realidad y las alternativas político-sociales a seguir, si es que se formularan. Segundo, el tener una capacidad explicativa altamente satisfactoria acerca del fenómeno social estudiado. Así, las Teorías sobre el Imperialismo, a pesar de haber sido relegadas desde hace 20 años por el auge del neoliberalismo, hecho que, sin embargo, no acarreó su desaparición, pues éstas siguieron formulándose y sobre todo desarrollándose en algunos medios académicos y universitarios, no se ven cuestionadas por las novísimas teorizaciones sobre la globalización, en la medida que ni cuestionan ni no ponen en duda en ningún momento sus fundamentos. En ese contexto la matriz analítica hayatorreana, que, a su vez, se sustenta en las Teorías Sociales del Imperialismo, tampoco se ve impugnada, porque no es una teorización específica que busca explicar un fenómeno de manera totalmente rigurosa y exhaustiva sino sólo un marco interpretativo latinoamericano que debe servir como una pauta para la mejor comprensión de este mismo fenómeno y para la formulaciones de políticas de corte antimperialista y/o antiglobalizantes.
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*Escrito por Tito Livio Agüero Vidal
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