Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"

Centro de Investigaciones Políticas, Sociales y Económicas

 
   
 
 
 

A TODOS LOS INTEGRANTES DEL CIRCULO DE  ESTUDIOS POLITICOS POLITEME DE LA ESCUELA DE  CIENCIA POLITICA DE LA UNIVERSIDAD  NACIONAL FEDERICO VILLARREAL

 
 
Tito Livio Agüero Vidal,


 
 

A pesar del papel cada vez más predominante que juega hoy en día la mujer peruana y latinoamericana en la vida de su familia y su comunidad la existencia de la desigualdad de género o mejor dicho la diferencia entre hombres y mujeres sigue todavía tercamente manteniéndose. La explicación de esta situación se encuentra en la pervivencia de un sistema de dominación social (categoría teórica de origen weberiano) que muchas veces el feminismo tradicional u ortodoxo lo conceptualizo sólo desde una limitada perspectiva eurocéntrica. Por esa razón, las asimetrías entre hombres y mujeres eran interpretadas desde exclusivos marcos de explicación patriarcalistas. Así, el sistema de dominación patriarcal que es una suerte de síntesis de tres tradiciones culturales y sociales (greco latino romano, judío y germano escandinavo) aparecía como la teoría explicativa a partir del cual se describía y/o analizaba a la mujer indígena, negra, multa, zamba, chola, mestiza, etc., de la región latinoamericana.

Era necesaria una nueva conceptualización teórica que reconociendo el carácter universal de la segregación de género, tuviera también en cuenta las especificidades históricas de cada región o continente. En ese sentido si bien en el Perú hubo un claro antecedente feminista con la acción y prédica de Zoila Aurora Cáceres es recién con la poetisa y política aprista Magda Portal que el feminismo adquiere carta de ciudadanía no solo en nuestra patria sino en América Latina. Teóricamente este proceso podría verse como el tránsito de un sistema de dominación patriarcal europeo a un sistema de dominación machista latinoamericano.

Desde el plano propiamente político, tanto la perspectiva europea como la latinoamericana, muestra que uno de los rasgos centrales sobre las que descansa la dominación de la mujer es la separación y confrontación entre lo público y lo privado. Esta tensión entre estas dos dimensiones u espacios, es una de las que más se discute conceptualmente en la filosofía política contemporánea. En América Latina la realidad familiar –privada- gira en torno a la mujer, pero el modelo –público- de poder y autoridad sigue siendo masculino. Esta forma de desigualdad desgraciadamente todavía no es parte importante del discurso público pero sobre todo del político y tal vez el hecho de que no sean consideradas como problemas de democracia, las haga más urgente en vistas a un futuro democrático para nuestra sociedad peruana y latinoamericana.

Enfrentar esta desigualdad en términos exclusivos de competencia en el mercado, de la ley de la oferta y demanda, implica dar por sentada una igualdad de oportunidades que no existió, no existe y no existirá. Hacer frente a las desigualdades  extremas es una tarea del Estado, porque no puede ser afrontada exclusivamente desde una lógica de mercado que no incluye a la mitad de la población, pero también de la misma sociedad civil y en donde las universidades deberían tener un papel central en el estudio de este fenómeno.

Muchos centros de estudios superiores se han abierto a esta problemática y han creado programas y cursos especiales de género (diplomados) el caso más notable es el de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Sin embargo, hay casos en lo que cuando la universidad cierra los ojos a estas realidades son los alumnos y alumnas, y no podía ser de otra manera, quienes toman la iniciativa de acercarse a la temática de género porque están convencidos que la universidad no es una isla como diría el maestro Luis Alberto Sánchez. Por ese motivo, cuando los chicos(as) del Círculo de Estudios Políticos Politeme  de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Nacional Federico Villarreal me comunicaron la constitución del Taller de Género y Política me ví totalmente identificado con su esfuerzo de vincular el ejercicio académico con la problemática realidad social peruana y espero latinoamericana, tal como fue la perspectiva que tuvo Magda Portal.
 
Esperemos y confiemos que las inequidades y carencias de hoy permitan extraer algunas condiciones normativas para la justicia del futuro. Solo resolviéndolas se puede concebir para el siglo XXI un continente y un país de ciudadanos y de ciudadanas, en las que, como diría  Pepi Patrón, el diálogo entre iguales y no la confrontación, la participación y no la imposición, sean las condiciones de una vida democrática que incluya la pluralidad y la diferencia.

 

 
 

 

 
 

*Integrante del Taller de Estudios Sociales y Políticos "Antenor Orrego".

 
 
 
   
 
 
 
 
 
 
 

 

 

 
 
 
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