Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"

Centro de Investigaciones Políticas, Sociales y Económicas

 
   
 
 
 

La crisis de la democracia interna en los Partidos Políticos no es garantía para  el sostenimiento del sistema democrático

 
 
Víctor Raúl Bernuy Neira *
02/07/2005
 
 

 

En un balance de la democracia en nuestro país y del por qué no se consolida en los últimos  25 años, escasamente se tiene en cuenta  una evaluación profunda de la democracia interna de los Partidos Políticos y la crisis de institucionalidad democrática que viven. Problemática recientemente estudiada, y raramente tratada en los Partidos con la seriedad y responsabilidad del caso. Pero tema de constante preocupación en las democracias más avanzadas del mundo desde hace mucho tiempo atrás.

En el 2001, la democracia  se reinstaura en el Perú, debido a la tenaz lucha de la ciudadanía democrática para desterrar definitivamente las dictaduras en nuestro país.  El desafió del siglo  XXI  para los Indo americanos  es preservar el sistema democrático sin interrupciones que cancele el  sistema  dictatorial con el cual alternó en el siglo pasado de manera pendular. Sistema que quedará consolidado si lo mantenemos ininterrumpidamente, cuando menos, a partir de una generación en adelante.

Con el proceso de reinstauración democrática, paralelamente se reconstituyen los Partidos Políticos que la dictadura de Fujimori pretendió liquidar, al igual que otros dictadores  del pasado. No obstante, no  llegaron a destruirlos del todo pero sí los debilitaron considerablemente.  Resulta entonces de vital importancia, al iniciarse el proceso restaurador del sistema democrático y Partidos Políticos, la tarea de fortalecerlo para así garantizarlo, y que empieza por fortalecer la propia democracia interna de la organización partidaria.

Un instrumento reciente y muy al alcance de la ciudadanía  para evaluar a los partidos políticos y al sistema democrático son  las encuestas. Deja de lado a las manifestaciones ciudadanas en plazas y calles como principal medio de medición de las adhesiones o rechazos a sus políticos y gobernantes, como también al sistema político imperante. En todo caso, las encuestas explican el comportamiento que se expresa en este tipo de movilizaciones en la ciudad y en el campo.

Las encuestas muestran una constante opinión desfavorable por parte de la ciudadanía hacia las organizaciones partidarias y hacia el propio sistema democrático, incluso desde el mismísimo 2001 en que se reinicia la democracia propiamente dicha con la elección del presidente Toledo. Obviamente debido a las pésimas relaciones entre los  integrantes del partido de gobierno y  la ciudadanía. Suficiente con ver las encuestas al respecto de la Universidad de Lima, de CPI, DATUM, APOYO, IDICE, entre otras,  y las de Transparencia Internacional y sus sucursales en todo el mundo.

Indicadores negativos de estas encuestadoras hacia los partidos que posiblemente pueden ser  imperfectas y hasta manipuladas como señalan los líderes y dirigentes de las  organizaciones partidarias en su defensa. Sin embargo, estos datos que son continuos, muestran la  incapacidad y pésima gestión de los líderes y dirigentes partidarios para revertir esta percepción desfavorable por parte de la ciudadanía y convertirla en favorable y continua. Deviene en continua opinión desfavorable en tanto que la ciudadanía percibe que el sistema y la clase dirigente no les hace guardar las  esperanzas de que en un futuro materialicen sus expectativas de bienestar y menos la solución a sus problemas, sino todo lo contrario.

Este  panorama  que vive el sistema democrático peruano, como comentan analistas y estudiosos, hacen ver lo inestable que es y que viva en permanente peligro de ser interrumpido. Una última encuesta señala que 70% de los encuestados piensan que el Perú puede terminar como Bolivia o Ecuador, en los cuales sus  presidentes no han terminado sus mandatos por que han sido defenestrados del gobierno por revueltas populares, como es el caso de Lucio Gutierrez, de Ecuador, y Luis Sanchez de Lozada, de Bolivia.

La debilidad radica en la gran desconfianza  y mala opinión que tiene la ciudadanía de las organizaciones partidarias, que no solo observa el pésimo comportamiento de los cuadros políticos que ofrece y exhibe el partido, sino también las equivocadas decisiones que la organización toma respecto a tal o cual problemática de la población. Ello hace que sus relaciones con la ciudadanía no sean nada armoniosas y aceptables en términos generales y continuos.  Por más que ciertos líderes y dirigentes se preocupen por buscar acciones que causen buen efecto a fin de reconciliarse con la mayoría de los ciudadanos que causan opiniones favorables que al final les resultan pasajeras.

Sostenemos que  la desconfianza ciudadana hacia estos dirigentes y líderes no son producto de una institucionalidad democrática sólida en sus propios predios partidarios. Es decir que hayan sido elegidos producto de la aplicación continua de mecanismos incuestionables y transparentes de elección interna, sino todo lo contrario. En más de una oportunidad se ha sabido, por parte de los medios de comunicación, de los terribles conflictos internos entre los afiliados de la organización partidaria debido a procesos eleccionarios cuestionados y nada transparentes.  Esto ocurre en casi todas las organizaciones partidarias de nuestro país que muchas veces hace que sus militantes abandonen la organización. Hechos que frecuentemente sus altos dirigentes y líderes negocian con los mismos medios para que estos no salgan a la luz o no sigan saliendo. 

De allí que no sea lo mejor en cuanto a número y calidad de dirigentes o candidatos que exhiba y ofrezca el partido,  por ello la gestión  de estos cuando son elegidos sea mala, insuficiente, mediocre, altamente cuestionada y rechazada por los ciudadanos, incluso por sus propios afiliados.  Es común que los ciudadanos acusen a los dirigentes y líderes partidarios de corruptos y de practicar maniobras para no solucionar sus problemas, cuando no el de reclamarles la devolución su voto. Genere  rebeldías y desobediencia ciudadanas, haciendo caótico el sistema democrático e ingobernable la nación. El ciudadano se harta del sistema y llevarlo a defenestrar a los gobernantes antes de terminar sus mandatos y con ello el sistema democrático.

El hartazgo hacia el sistema democrático y sus componentes, entre ellos los partidos políticos, se traduce en el añoro de las dictaduras por parte de la ciudadanía con escasa afirmación democrática y que es la gran mayoría del Perú. Y esto empieza, en nuestra opinión, cuando a través de las encuestas  se obtiene  que las preferencias por la ciudadanía sean por  los gobernantes que  solucionen sus problemas urgentes, sin que les importen como es que hayan llegado al gobierno. Incluso hasta elevar sus preferencias en las encuestas por dictadores y  personajes cuyas prácticas estuvieron reñidas con la democracia.

Debilidades  que originan  la aparición o reaparición peligrosa de aquellos sectores que no creen en la democracia y que se hacen llamar  “independientes”. Abiertamente propugnan y enarbolan la prescindencia de los partidos, buscando descalificarlos por todos los medios,  explotando sus  debilidades o resaltando la corrupción en los que hayan involucrados sus dirigente y lideres. Y son precisamente estos movimientos llamados “independientes” que usando los mecanismos democráticos para llegar al poder, los que han demostrado su incapacidad para gobernar la nación dentro del sistema democrático y afectos a la corrupción en mayor grado la cual acusan a los partidos políticos, terminando por convertirse en dictaduras de nuevo cuño o  pseudo democracia.

Ahora bien, concluimos diciendo de que, en la medida que los partidos políticos de democráticos,  superen su crisis o reduzcan su déficit de democracia interna, destierren los fraudes dentro de sus propias instituciones, las practicas  de órganos electorales internos parcializados, normas electorales internas contradictorias que no  se cumplen y se atropellan; y que en lugar de ello, realicen procesos internos, limpios y transparentes, que arrojen como resultado la elección dirigentes y lideres eficientes y probos y capaces en atender los demandas de los ciudadanos , podemos hablar recién de una fuerte y sólida institucionalidad democrática interna en los partidos político y de sólidos partidos que sostengan y garanticen el sistema democrático. 

También creemos que el balance de los 25 años del sistema político en el Perú en que se alterna, 10 años de dictadura y 15 de democracia, merece un estudio serio de la  democracia interna de los partidos políticos genuinamente democráticos como factor que no contribuyo a la sostenibilidad del sistema democrático en ese lapso de tiempo, y que dio pie a que esta se interrumpiera durante los diez años del gobierno dictatorial de Alberto Fujimori.

Además, corresponde a la ciudadanía el monitorear a las organizaciones partidarias, vigilándolas y controlándolas por medio de la participación de una u otra manera del quehacer partidario y no  buscando destruirlas, correspondiéndoles con mayor razón a los mismos militantes de las organizaciones partidarias, independientemente del tipo de democracia que propugnen, el tipo de programa y organización que tengan, ese papel muy importante del quehacer  partidario de estos tiempos.

Y oportunidad para que apliquemos la primera Ley de Partidos Políticos, recientemente promulgada en el Perú, que va a ser un buen instrumento para que la ciudadanía y los miembros de las instituciones partidarias controlen y vigilen el correcto funcionamiento de la democracia interna de los Partidos. Ad portas de procesos electorales internos de las organizaciones partidarias que elegirán a los candidatos presidenciales y parlamentarios que luego presenten en las próximas elecciones generales en abril del 2006, corresponde a los dirigentes y líderes de las organizaciones partidarias contribuir a que dichos procesos sean correctamente llevados  en aras de la salud de la democracia presente y futura.

Finalmente, garantizando el sistema democrático con partidos políticos cuya solidez recaiga fundamentalmente en la solidez de su democracia interna,  estaremos generando las condiciones para el desarrollo  económico permanente y sostenible del país, como se ha demostrado que lo genera un sistema político estable y duradero, que muchos genuinos demócratas vienen propugnando en el Perú y América Latina.

 

 
 

 

 
 

* Integrante del Taller de Estudios Sociales y Políticos "Antenor Orrego".

 
     
     
     
     
     
   

 

 

 
 
 
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