Taller de Estudios Sociales y Políticos
"Antenor Orrego"

Centro de Investigaciones Políticas, Sociales y Económicas

 
   
 
 
 

Alan Garcia: el poder sin contrapeso en el PAP
A propósito de las izquierdas dentro del aprismo.

 

 

 
 
Víctor Raúl Bernuy Neira(*)
11/05/2008

 
 

En relación a Alan Garcia y a las oportunidades que ha tenido para dirigir el PAP y gobernar el Perú, la primera de carácter populista y la segunda de rasgos neoliberales, no se puede dejar de reconocer que se debe a que  las izquierdas dentro del aprismo cedieron los espacios a esas tendencias que representó y representa hasta hoy el Presidente, y que  prosperaran en el partido de Haya De La Torre , específicamente desde cuando salió elegido como Secretario General en 1982, en el XIV Congreso Nacional del PAP. Es el responsable de terminar ubicar a la organización en el centro izquierdismo en 1983.  Y en esta época, como máximo dirigente del partido y  mandatario de la República, termina de ubicar al partido como partido de centro, suscribiéndolo  finalmente como miembro pleno de la internacional socialista o socialdemócrata.

Si algo se les puede atribuir a las corrientes contestatarias que han pretendido reivindicar el carácter de izquierda del PAP, es que históricamente frente a la reacción del oficialismo partidario, de carácter represivo y excluyente respecto de aquellas - incluso estando en vida Haya De la Torre, su fundador-,  es que  sus miembros erraron al ceder los espacios al oficialismo en la organización, ya sea ausentándose de él,  haciéndose expulsar, o por emigrar a otras tiendas políticas; no reconociendo esos errores sino a la postre.

Como es sabido dentro del PAP todos aquellos que se fueron y retornaron luego de muchos años a la organización, si hablamos de conspicuos y recalcitrantes creyentes del aprismo auroral e insurgente, que incluso formaron parte de las organizaciones políticas antiapristas,  regresaron años después en muchos casos sin ese espíritu auroral e insurgente; o para coexistir o para sacar alguna prebenda del oficialismo partidario. 

Suficiente con mencionar a algunos de los que se alejaron o fueron expectorados de la organización como los cc. Luis Felipe De las Casas (colaborador con la dictadura velasquista, embajador del Perú en Venezuela),  Javier Valle Riestra, parlamentario en vías de renunciar a tal condición (expulsado del PAP con los miembros del APRA rebelde y primer ministro del gobierno fujimorista), o el actual miembro de la Comisión Política del Partido, Agustín Haya De La torre (ex miembro destacado del antiaprista Partido Unificado Mariateguista). Ni modo que se pretenda afrentar a tan distinguidas personalidades, de tan brillantes trayectorias al exterior del partido, como destacados parlamentarios, intelectuales y docentes universitarios.  Pero otra hubiera sido la historia del PAP si no lo hubieran abandonado, ni se hicieran expulsar,  ni menos prestarse al juego de los oponentes antiapristas en momentos en que haciendo uso del poder declaraban los funerales del aprismo.

Pero también por que no incluir y  referirnos a aquellos que no retornaron al aprismo y que fueron miembros también de la izquierda no aprista, Magda Portal, Luis Felipe De la Puente Uceda, Gonzales Fernandez Gasco, Carlos Malpica  Silva Santiestevan, Alfonso Barrantes y tantos más que optaron por la  ideología comunista o socialista.  Ya que de no haber renunciado a la organización partidaria y a la ideología aprista hubieran representado la renovación o recambio natural en la conducción del partido. O en todo caso liderado vigorosas corrientes alternativas y contrapesos sólidos para que la dirección y línea del aprismo, la de un partido democrático de izquierda, antiimperialista, de frente único de clases explotadas y unionista, no se desviara.

No hay que pasar por alto que las lecciones que recogemos de las antecesoras corrientes izquierdistas contestatarias y sus pretensiones infructuosas por reencausar al partido por sus linderos primigenios, reprimidas o expulsadas del partido, han de servir para la reflexión de los actuales compañeros que pretenden  como sus antecesoras reivindicar al aprismo auroral. De sus errores aprenderán,  para saber que es lo que no hay que hacer y que hacer para ganar los espacios a los que hasta hoy gobiernan el partido y en su representación el Estado Peruano.

De lo que se trata es que los miembros de las izquierdas del aprismo se convenzan de que solamente formando vigorosos, crecientes, unificados y consecuentes movimientos renovadores en todos los ámbitos geográficos e institucionales al interior y fuera del partido; con tareas de corto y largo aliento, con ideas claras, con una ética política ejemplar, y con un proyecto político actualizado tanto partidario como alternativo de gobierno podrán reencausar  al movimiento de Haya De la Torre. Y que  representen también la expresión de una nueva clase dirigente del Partido, el recambio generacional o relevo de la existente. En todo caso signifique ganarles muchos más espacios  y que sirvan de  contrapeso a la centro izquierda y al centrismo que representa el actual oficialismo dirigente del PAP para que  sus propuestas neoliberales no prosperen.

Definitivamente la clase dirigente representada por Alan Garcia, bien preocupada anda por demostrar que su propuesta neoliberal de gobierno esta generando el bienestar suficiente al país y que le pueda brindar la posibilidad de una tercera oportunidad de gobierno.  Lo cual las izquierdas coincidirán de seguro con esa pretensión,  más no con sus propuestas neoliberales ni con sus actuales miembros. La opinión del pueblo a través de las encuestas es que no creen en tal bienestar, sino todo lo contrario.

Las izquierdas unificadas en las acciones política partidarias, tanto externa e internas, deben estar convencidas de la coexistencia y del  compartir el poder dentro del partido constituyéndose, como le hemos dicho, en un fuerte contrapeso democrático frente la desgastada clase dirigente que gobierna el partido desde la muerte del fundador, casi 30 años. Siempre y cuando no pierdan la identidad y la consecuencia con el proyecto político a proponer.  No significa llegar a situaciones de luchas interminables y a ultranza, ni tampoco abdicar ante los que representan mal que bien actualmente al partido, tanto en la dirigencia como en el gobierno. Si hay algún mérito en la actual clase dirigente es que supieron llevar después de muchos años al partido al gobierno por dos veces, pero no convence a las izquierdas que las mismas figuras puedan llevar a  la organización a ser continuidad en el gobierno para materializar un proyecto transformador en un tercer gobierno.

En es sentido el proyecto de la clase dirigente liderada por el presidente Alan Garcia Perez necesita desde ya una clase dirigente capaz de hacer  que enmiende sus errores y capaz de sucederla, en los términos más fraternos y democráticos posibles, y lo cual les corresponde a las izquierdas la responsabilidad de la renovación en la conducción del partido y la continuidad en el gobierno para materializar un proyecto político transformador de la sociedad peruana. La experiencia de sucesión natural y democrática de los liderazgos en el PSOE (Partido Socialista Obrero Español)  sirve, si es el caso de poner como ejemplo la experiencia de un partido europeo con mayor madurez y tiempo que bordea la centuria.

Si bien es cierto que José Luis Rodríguez Zapatero no fue de ninguna manera el candidato a la Secretaría General del PSOE  de la línea del experimentado Felipe Gonzales, es más representó la pugna entre la facción felipista y la facción zapaterista al interior del partido, sí puede decirse que representa hoy una vigorosa corriente renovadora en el PSOE, y que va a tono con las demandas políticas de la sociedad española y europea de estas épocas, de allí su segundo mandato consecutivo en el gobierno español.

Desde ya, la ausencia de un proyecto político concertado al interior del PAP en la cual considere la nuevas demandas sociales y la tendencia nacionalista de los pueblos de Latinoamérica; el mayor desgaste de la formulas económicas neoliberales continuadas por el segundo gobierno de Alan García, tras los 18 años de implementación; la ausencia de democracia interna en el PAP; la ausencia de un relevo de la línea Alanista para las futuras elecciones del 2011 que unifique a todas las tendencias del aprismo, posibilitaría el avance de las izquierdas del APRA. En primer lugar, como sólidos contrapesos dentro del partido ante las medidas neoliberales del gobierno de la actual clase dirigente,  y luego,  como el relevo natural de la misma  en la organización con la posibilidad de ser un gobierno progresista,  democrático y nacionalista en nombre del aprismo.

 

 

 
     
 

(*) Integrante del Taller de Estudios Sociales y Políticos "Antenor Orrego".

 
     
     
     
     
     
   

 

 

 
 
 
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